Leyendas y sueños entre Estambul y Samarkanda

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Supongo que hay lugares que están marcados en el ADN de cada persona, las razones son múltiples y como tantas otras cosas en la vida dependen de infinidad de factores que nos van ocurriendo. Personas que nos encontramos, libros que leemos, sueños que alguna vez aparecen, curiosidades que tenemos  o motivaciones carentes de toda lógica van formando en muchos casos las posibles huellas de lo  que cada uno busca ( y/o encuentra )tanto en sus viajes como en la propia vida.

Al final muchas veces  como si de un juego se tratase van apareciendo los encajes de bolillos que van conformando realmente ese complejo conjunto de sensaciones, emociones, vivencias , lugares, personas y momentos que forman lo que es uno. Y en mi caso desde hace muchos años el viaje ejerce como  catalizador de vida, pero también como un motor vital de aprendizaje y como expresión vital en su  pura esencia de lo que soy .

Y ahora me pongo a pensar en esas cosas extrañas recién llegado a Granada tras una semana de trabajo por Estambul. Pienso en la cantidad de casualidades que forman el componente de una persona y que te llevan a estar ayer tomando un té por la mañana en la plaza Taksim de Estambul y hoy hacerlo tomando un Colacao con churros en la estación de Atocha en Madrid.

Miradas diferentes, vidas cruzadas, costumbres, culturas e historias que difieren notablemente pero que se van acoplando a mi vida como quien no quiere la cosa. Y es ahí donde aparece la belleza  de la  existencia en su pura esencia, con esos contrastes que van y vienen pero que de forma fundamental me ayudan a ser lo que soy.

Hace unos meses ya escribí sobre aquel viaje y sobre la enigmática ventana que coleccionaba mundos desconocidos y que se me aparecía en sueños cuando menos me lo esperaba. Amor intenso, triste desamor, viajes llenos de pasión e intensidad que han ido conformando parte del pasado reciente. Abrir la ventana de los sueños era ver  los símbolos  y mensajes de una  fascinante Estambul  que una vez se llamó Bizancio y otra Constantinopla. Y ahora pienso como  la noche con su oscuridad  daba paso al día y al cegador  brillo de la luz del sol con un cielo azul hermoso que me mostraba las inigualables vistas de  Aya Sofia , la Mezquita Azul y el fascinante Bósforo.

A veces me pregunto  incluso si aquellas ensoñaciones tenían algunos mensajes ocultos y misteriosos , otras veces simplemente lo dejo estar como casualidades o no de mi propia existencia. Pero por algunas razones resuena siempre aquellos antiguos viajes que unían Oriente con Occidente poniendo en contacto  Europa con Asia. Ahora pienso en la fascinación que siempre he tenido por las viejas caravanas que iban y venían a lo largo de aquella vieja Ruta de la Seda por la que viajaban gentes, productos, culturas y sabores que de una forma u otra llegaron hasta nosotros.

Y es ahí donde  las majestuosas Estambul y Samarkanda relucen como dos focos fundamentales para entender aquella ruta y esos sueños de ir a Oriente en busca de aventura y de lo desconocido. Un viaje que en pleno siglo XXI sigue mostrando al viajero las dificultades del camino. Un viaje donde el turismo apenas existe y donde a cada  paso que das te encuentras  con pruebas que parecen  pruebas vitales de buscarse la vida ante las circunstancias que aparecen en la vieja y eterna ruta.

El viernes conocí  en Estambul a Miquel Slvestre, allí quedamos frente a la majestuosa  Torre de Gálata . Tenía algunas referencias del viajero y escritor motero gracias a internet y me  venían de buenos amigos  como Pedro Jareño de minube o Iñaki Makazaga de Piedra de Toque.

Confieso que no he tenido  todavía la oportunidad de leer los libros de Miquel, pero estoy seguro que dentro de poco lo haré.  Hay una cosa que  nos unía a pesar de nuestra forma diferente  de viajar, es la pasión por la literatura y  la sentida admiración por los  viejos exploradores y descubridores españoles. En ambos casos es una cosa que va poco a poco, ir sintiendo tierras lejanas y de paso ver u honrar el legado de paisanos que nos precedieron. 

Imagino que ir ahora rumbo a Samarkanda y rendir homenaje a Ruy González de Clavijo es algo que sorprende a muchos  y que a algunas personas nos hace emitir un guiño de complicidad lleno de  sonrisas para  decir, olé sus huevos!!!!.

Y es que muchas veces es una excusa perfecta eso de buscar la pasión y la llama actual en viajes que nos encuentran en el presente conectándonos con el pasado . De forma indirecta me acordé de mi viaje por Uzbekistán  y estancia a Samarkanda, lo que difiere a veces lo soñado y la realidad, lo confuso que es el amor y un sin fin de cuestiones  sobre las que no viene a cuento divagar.

En una época de folleto de revista y donde todo parece explorado es cuando reconfortan ciertos viajes que se escapan de la lógica. Personas que aparecen en el momento más adecuado cuando uno cree ver  a veces nubarrones en estos convulsos  tiempos donde a veces todo abruma pues todo se retransmite, con tantas redes sociales y búsquedas en google.Por todo ello el amigo Miquel me hizo recordar a los antiguos viajeros y a viajes con sentimientos como mi homenaje a Patrick Leigh Fermor en aquel fascinante tiempo de los regalos.

Y  fue así, en agradable compañía con la mejor de las sonrisas y de los encuentros entre Occidente y Oriente  como dejamos pasar las horas como si nos conociéramos de toda la vida.

De fondo en la calle sonaba el constante bullicio de Estambul para recordarnos  que la vida fluye cuando uno sale con pasión a buscarla….

Hoy la cita es: “Uno cree que va a hacer un viaje, pero enseguida es el viaje el que lo hace a él”. Nicolas Bouvier

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En busca de aquellos ojos de la guerra entre Sarajevo y Mostar

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Recuerdo  cuando empezaban los años noventa del pasado siglo , el mundo latía  con los hechos geopolíticos que estaban sacudiendo a Europa , a la URSS y a todo el bloque del Este. Yo era muy joven con trece años y  podía notar el peso de la historia al relacionar entre  aquellos acontecimientos políticos , sociales y los deportivos. Mi deporte era el baloncesto y en aquellos tiempos tuvieron lugar dos hechos memorables. Los fantásticos  Juegos Olímpicos de Barcelona en el 92 y  el Mundobasket del año 90 fueron  citas ineludibles para medio mundo. Uno de esos acontecimientos estaba en la vieja Europa y  llevo  al mágico Dream Team norteamericano a ganar en la final a Croacia. Dos años antes,  el Mundobasket celebrado en  Argentina supuso un paseo de  Yugoslavia, la que quizá haya sido la mejor selección  de  la historia del baloncesto europeo.

En el plazo de solamente dos  años Yugoslavia  ya no existía y la vieja Europa estaba asistiendo impasible ante  un conflicto armado en el que se daban macabramente la mano tanto la limpieza étnica como el genocidio. Todo ello tenía lugar en el extremo oriental del viejo continente. Ante la pasividad de los burocratas de los organismos internacionales se estaban produciendo acontecimientos que recordaban a la barbarie de la  Segunda Guerra Mundial. El genocidio entraba por las pantalla del televisor de unos niños que teníamos en aquella Yugoslavia al referente europeo del baloncesto.

Por aquellos años yo acababa octavo de EGB y empezaba el bachiller, el tiempo de esa infancia estaba  más centrado en los buenos amigos, en un balón de basket y en los  libros de aventuras. Veía lejano el día  que me iba a poner una mochila al hombro para recorrer mundo y la educación por aquella época me importaba bien poco. Apenas recuerdo nada de la televisión de aquella época, aunque hay imágenes que tengo imborrables  en mi memoria. Por esos tiempos yo siempre comía en el salón con el balón de baloncesto a mi lado. Mientras  acariciaba el balón y comía a mediodía podía ver en el telediarios de Televisión Española las noticias que nos  mostraban el reportero Arturo Pérez Reverte,  con imágenes de su inseparable cámara José Luis Márquez.

Yo era joven, muy joven, y a veces veía por la televisión a niños de mi edad que estaban muertos o encharcados en sangre. Recuerdo como la tristeza me invadía y frecuentemente pensaba que muchos de aquellos chavales  seguramente tenían la misma  pasión que yo por el basket y quizá sus habitaciones estuvieran empapeladas con posters de Petrovic,  Kukoc, o de los legendarios jugadores de la NBA Magic, Bird y Jordan.

Desde mi casa en Oviedo y siendo tan joven  viajaba por primera vez a los Balcanes, aunque fuera de forma virtual. Por esos tiempos y a pesar de mi inocencia propia de la edad empezaba  a tener presente que en un futuro debería  ver con mis propios ojos aquella zona de la vieja Europa que se desangraba por la barbarie. Tenía aquella idea viajera presente para un futuro que se presentaba muy lejano  aunque solamente sería una década después. Mientras tanto, en mi habitación seguían los viejos  posters de la Jugoplastika de Split campeona de Europa, de Vlade Divac  con la camiseta de los Lakers y del genial Drazezn Petrovic con diversas camisetas de Europa y de la NBA.

Reverte nos hablaba desde la extinta Yugoslavia y empecé sin quererlo a interesarme por una zona balcánica que hasta la fecha solamente conocía por el talento de sus jugadores de baloncesto. Allí estaba la cuna del basket europeo, el talento al que yo  siempre miraba por su depurada técnica individual y su perfecta mecánica de tiro.

Una escuela balcánica que encumbró a los irrepetibles Petrovic, Kukoc y Divac, pero que ahora se enfrentaba en un conflicto armado lleno de crueldad. Mis ojos de joven imberbe estaban viendo cada día como a  escasas dos horas en avión de Madrid o Roma se estaban matando pueblos que empezaban a quedar grabados en mi memoria y corazón.

Pasaron los años, aquella infancia daba paso a la juventud, luego a la universidad y  a partir de ahí mis primeros viajes con la mochila para poder ver con mis ojos aquel conjunto de inquietudes o sueños que tenía desde niño. Sarajevo y Mostar siempre permanecieron marcados , eran nombres que permanecieron en mi memoria y que todavía siguen resonando. Tuve que esperar a que con el paso de los años se convirtieron en un objetivo alcanzable de mi particular aprendizaje a través de los viajes. Los Balcanes desde aquellos tiempos se convirtieron en una obsesión para mí. Intentaba leer en aquellos viejos libros o en los recortes de periódicos ante la escasez de documentales sobre la zona. Y es que una vez que pasó la noticia, aquella parte oriental de la vieja Europa dejaba de ser interesante para los medios de desinformación que nos gobiernan.

Los Balcanes fueron una zona que admiraba por el baloncesto, y con el paso de los años se fueron  convirtiendo probablemente en la zona de Europa que más me atraía. Un lugar al que he vuelto un par de veces, y al que estoy seguro que volveré muchas otras. Hoy he vuelto a pensar en aquellos lugares, en que quizá sea tiempo  para regresar de nuevo. Veo las fotos y todavía siento el cosquilleo del  estómago al estar atravesando Bosnia en aquel vagón medio desierto durante el viaje en  tren que me llevaba desde Budapest a Sarajevo.

Caminar por la vieja Sarajevo y sentir el peso de la Historia reciente todavía es una de las experiencias que más me impresionaron a lo largo de mi vida.  En aquellos días pude callejear por su ciudad vieja, caminar a lo largo de la que fue aquella cruel avenida de los francotiradores, ver cementerios improvisados en los parques y entrar en la Universidad.

También  en sus animadas cafeterías conversé brevemente con universitarios como yo que no se diferenciaban en nada de mis amigos de España. Costaba pensar en que todo aquello hubiera pasado en una ciudad que fue olímpica. Sentir aquel viaje me daba lecciones que nunca pueden venir de las propias aulas que encierran parte del saber. Pienso ahora en la soledad que experimenté en el museo de la ciudad al sentir el valor de sus gentes para salvaguardar la cultura y la memoria.

Me maravillé ante la dignidad de unas gentes y algunas sonrisas que venían de un pueblo que ha sufrido como pocos. A veces recuerdo mis pasos por la ciudad y algunos rostros, como el de aquellos niños de la calle que se cruzaron en la vieja estación conmigo y con  una pareja de amigos que iban a jugar a baloncesto.

El tren llegaba y yo partía para una hermosa Mostar que hacía poco más de una década abría los telediarios. Un lugar que pese a los crueles hechos del pasado es  un símbolo de la paz , con el porte majestuoso hermoso de verse rodeada de montañas y por su legendario puente sobre las  preciosas aguas cristalinas. Un puente que  simbolizaba como pocos lugares en el mundo ese intento del ser humano para encontrar  el entendimiento y respeto entre pueblos, religiones y culturas…

Hoy la cita es “Las victimas son la única verdad incuestionable de una guerra” Gervasio Sánchez

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El sueño eterno a través de la vieja y legendaria Ruta de la Seda

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El viaje y la aventura vividos en carne propia se cruzan con diversos libros que van pasando por mis manos y que me acompañan en el transcurrir de la vida. Muchas veces pienso que quizá debido a ellos soy parte de lo que soy.  Gracias a esas lecturas uno puede proyectar no solamente viajes, sino también la propia vida y un sin fin de ensoñaciones que con algo de suerte, trabajo y empeño algunas veces pueden convertirse en realidad.

Por sus páginas legendarias  he sentido desde niño la curiosidad para ir en busca de  conocer lugares donde  se encuentra esos paisanajes  que siempre nos reivindican los buenos de Leguineche y  Kapuscinski. Entre todos los caminos del mundo siempre hay uno que sobresale y que aparece cuando menos me lo espero. Como si de un fantasma eterno  fuera llama a mi puerta sin avisar y se cruza con muchos sueños o  leyendas, se trata de la legendaria y vieja Ruta de la Seda. Un viejo cruce de caminos que en plena época de internet me lleva a volar con la imaginación a un tiempo de leyendas, misterios y donde las viejas caravanas llevaban no solamente sedas o especias, también conocimiento y cultura en su máxima expresión.

El sonido del viento ruge con fuerza  entre desiertos mientras se cruza con el majestuoso color de unas montañas que se acoplan a un cielo azul brillante. A lo lejos puedo recordar algunas de esas ciudades maravillosas que un día fueron el lugar de reposo y comercio para unas gentes que ponían en contacto mercancias, culturas y  saberes.

Allí descansan leyendas de aquellos que nos precedieron con un rico legado que es la llama eterna para que muchos otros  a lo largo de sucesivas generaciones hayan soñando con el viaje y  la aventura de explorar. Puedo viajar en el tiempo para recrear mi realidad con una lectura que me hace sentir de nuevo  algunos de aquellos lejanos caminos. Viajar no solamente por el ansia de llegar sino también por la indescriptible experiencia del IR y tener la capacidad de aprender de lo que nos muestra y ofrece el camino.

Pasan los años, cambian las circunstancias o la gentes, pero mientras avanza mi propia vida aquellas palabras y viejos lugares siguen cruzándose en mi camino. Solamente pude viajar y conocer Uzbekistán y Kirguistán, pero aquel vetusto cruce de caminos aparece de nuevo cuando menos me lo espero. Libros, viejos mapas, bolas del mundo, y grandes nombres de la Historia  juegan entre si y se cruzan por aquellos caminos con la  compleja realidad  geopolítica de nuestro tiempo. Y es  ahora mismo cuando  aquellas nobles y viejas palabras de la Ruta de la Seda resurgen  de nuevo en mi conciencia como si de un milagro fuera.

Pienso en que han pasado los siglos, lejos quedan los días de su explendor, pero de alguna forma un halo de misterio y leyenda emana de aquellos viejos caminos. Ciudades legendarias, pueblos milenarios, caminos inhóspitos,viejos imperios, culturas y  antiguas religiones que se acoplan a paisajes extremos con el peso de su propia leyenda . Y es así como muchas cosas se cruzan en aquella vieja  y misteriosa ruta que sigue fascinando a viajeros de todas las épocas.

El halo de misterio se conecta en pleno siglo XXI , y es que a pesar de la globalización emociona solamente imaginar y sentir la ruta terrestre que une los pueblos del Mediterráneo con la lejanía del extremo oriente de Asia. Y es así, como caminan muchos fantasmas y sueños  a través de una red anárquica que se cruza como si de una tela de araña fuese.

Ahora avanzo maravillado por las páginas de Asia Central para llegar de nuevo a una Ruta de la Seda que emana misterio, leyendas y magia por los cuatro costados. Los “Demonios extranjeros de la Ruta de la Seda” me transportan a un fascinante mundo de  viajeros, comerciantes, misioneros, aventureros y arqueólogos. Hace pocas semanas me maravillé también por aquellos viejos caminos, me fascinaba avanzar en la lectura del extraordinario libro “La Ruta prohibida, de Kabul a Samarkanda“.

Caminos, búsquedas, encuentros y desencuentros a lo largo de la ruta más importante de la historia del mundo. A lo lejos resuenan los ecos de las viejas mezquitas, reluce el el indescriptible color de las cúpulas y se aprecia el aire de lugares que te hacen pensar que estás muy lejos de donde vienes.

Ahora que paso las páginas y me encuentro con Sven Hedin y Aurel Stein siento que estoy de nuevo allí . Y pienso que  es quizá como un reflejo de la propia vida, saber que entre la dificultad y los problemas aparecen las realidades que las fachadas pretenden esconder. Un sentimiento donde tanto la vida como el viaje nos dan aprendizajes y mensajes que nos deben acompañar por nuestro discurrir diario.

Lecciones de aquellos viejos caminos que me hacen pensar que la Ruta de la Seda sigue dando muchos aprendizajes. Misterios y leyendas que aparecen tanto entre sus caminos como entre los libros que hablan de ella .

Y ahora al calor de un hogar y un viejo libro siento como siempre me acecha su leyenda , vienen a mí los ecos de  aquella fantasmagórica red que sigue siendo eterna y fascinante…

Hoy la cita es: “Es un lugar, una suma de lugares, donde las identidades, las épocas y culturas se mezclan y confunden. Un caleidoscopio. Un río donde las naciones dejan de tener sentido. Un espacio de mestizaje por definición, en el que reina una fértil impureza. Resulta muy interesante recorrerla. Seguirla es seguir la diversidad”. Colin Thubron

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Rumbo a un oasis urbano llamado Veliko Tarnovo

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Amanece en Chernomorets, siento la piel empapada en sudor  tras el intenso calor de la noche anterior. Pero ahora al amanecer y tras abrir la ventana puedo sentir una agradable sensación de frescura con el intenso olor a mar. Cierro la mochila y pienso que me gustaría poder meter dentro  parte de ese intenso olor a salitre . Me gusta sentir siempre esa agradable brisa marina vespertina y reflexiono sobre eso de que voy a estar más de un mes sin ver el mar. Y ahora pienso con calma que abandono el fascinante Mar Negro . Y es que por fin voy a ir rumbo a una Rumania que me espera desde hace años, antes haré una escala de tres días en  un enclave urbano  tranquilo y lleno de encanto llamado Veliko Tarnovo.

Ahora que voy en el bus urbano  rumbo a Burgas pienso lentamente en lo que va quedando atrás. Es curioso lo rápido que a veces pasa el tiempo, cierro los ojos y puedo visualizar como en un película el mes que queda atrás viajando por Bulgaria. Todavía siento el bajarme del tranvía y verme perdido entre  las calles del centro de  Sofia intentando llegar al Hostel.Siento la ayuda e indicaciones de las gentes de a pie para llegar a una dirección o a un lugar donde pasar la noche. Siento que no encuentro mejor escuela de la vida que el propio viaje, allí entre aquellas calles siento el paso de la Historia del Telón de Acero en su pura esencia.

Conversaciones al anochecer con una buena cerveza para viajar al pasado en la piel curtida de gente local llena de experiencias y en algunos casos de traumas. Pienso en aquellas personas que han vivido los dos sistemas y en los jóvenes que ya han vivido en un sistema que solamente ve el pasado como una etapa llena de malos recuerdos. Ahora cuando llego a Burgas debo atravesar la ciudad para el bus  que me debe llevar al norte. Miro a mi alrededor y siento la frescura llena de  vitalidad que da el  saberse con la libertad de no estar atado a un billete de vuelta.

También a la vez que voy avanzando pienso en lo que dejo atrás, el viaje actual supone sin saberlo un cambio de época en mi vida. Los Balcanes me enseñan como pocas tierras del Planeta gracias a su compleja Historia llena de  diversidad, caos y mezcolanza intensa. Todo ello confluye dentro de mi ser para  hacer que sienta por la zona una atracción díficil de explicar.

Llego a la otra  vieja estación de Burgas y suelto la mochila, allí espero con la libreta abierta durante una media hora. El lápiz va escribiendo cosas sin saber muy bien los motivos. Levanto la vista y veo a unos abuelos que han experimentado el paso del tiempo, dejo volar la imaginación e intento navegar entre sus vidas y recuerdos al viajar unas décadas atrás. Llega la hora e instalo mis cosas en el pequeño bus que nos lleva al norte, las sonrisas se cruzan con las miradas de curiosidad y perplejidad que siente cierta gente al verte con la mochila al hombro viajando solo.

Una joven quinceañera que viaja con su madre me saluda con una sonrisa sincera y los universales Hello , Where are you from? . Salimos de la ciudad y avanzamos dirección norte, atravesamos viejas villas y campos. El Mar Negro ya queda atrás y voy rumbo al norte, me pregunto sobre si esa  zona estará llena de montañas y castillos. Dejo volar la imaginación y a veces al mirar por el cristal veo carros tirados por unos  gitanos herederos de aquellos que los buenos de  Patrick Leigh Fermor y Walter Starkie se cruzaron en sus viajes legendarios que ahora son míticos libros.

Cierro los ojos y veo el mes pasar por delante de un nuevo país al que muy pocos vienen. Viejos recuerdos del Telón de Acero, colores y tranvías me llevan a admirar los fantásticos  contrastes  de esa parte de la vieja Europa que tanto me fascina. Veo y siento  de nuevo la paz de presenciar atardeceres y  amaneceres dentro de monasterios como el de Rila . Recuerdo de nuevo la intensidad de verme empapado caminando buscando un lugar donde pasar la noche. El viejo cruce de caminos de los Balcanes va pasando por delante de mi memoria, pero también lo hace por el del cristal de un bus que me va llevando al norte de un país fascinante y lleno de interés.

Cierro los ojos y de nuevo los abro, estamos ya en el destino que será mi puente a Rumania. Dejo atrás la vetusta estación y camino rumbo a la ciudad vieja de Veliko Tarnovo. Atrás voy a ir dejando Bulgaria, pero antes podré disfrutar de los encantos de una de sus joyas.

Mochila al hombro recorro las calles mientras evito algunos charcos de agua que hay en el suelo. Un perro callejero me mira , decide seguirme en mi camino con sus pasos. Caminando con la mochila al hombro con el rostro al horizonte mientras miro el porte noble y orgulloso de ese temporal compañero. Ahora al llegar a la parte vieja de la ciudad pienso con satisfacción en el placer de llegar a otro nuevo destino pero también me llegan recuerdos de lo que dejo atrás en gentes y lugares…

Hoy la cita es: “Un viaje es una nueva vida, con un nacimiento, un crecimiento y una muerte, que nos es ofrecida en el interior de la otra. Aprovechémoslo”. Paul Morand

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El humanismo viajero de Tiziano Terzani y su amor por Asia

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En la primavera de 1976 un adivino de Hong Kong le dijo a Tiziano Terzani que durante los doce meses del año 1993 no debería viajar en  avión, su vida estaría en peligro si decidía usar este medio de transporte. Como si de un suspiro se tratara
pasaron los  dieciséis años que separan las dos fechas  y Tiziano nunca olvidó aquella charla… .De repente y sin darse cuenta  el corresponsal italiano  se encontraba a  31 de Diciembre de 1992 . Esa especial nochevieja  estaba como un humilde viajero ermitaño en la selva de Laos, hora tras hora esperando la entrada del señalado 1993. 

Su cabeza  daba vueltas  alrededor de aquella conversación con el adivino, pero su corazón ya había tomado la decisión correcta…, no viajaría en avión durante 1993. Llevado por su espíritu nómada y aventurero el genial reportero italiano  empezó  a pensar como encarar ese año teniendo en cuenta  aquella vieja charla y la profecia. En sus propias manos estaba el rumbo que debía tener aquel año 1993. Podía tomarse la profecía como algo propio de un simple charlatán , pero podía  dejarse llevar y aceptar el reto para plantearse un año marcado por una forma de viajar sosegada, romántica y tranquila.

Lo que para muchos sería una mera tontería se convertía en la excusa perfecta para volver a una forma de viajar pausada y  donde uno pudiera apreciar  las distancias al ser recorridas por tierra o mar. Una forma de viajar que da la espalda a los fríos e impersonales aeropuertos, una forma de viajar donde se abrazaría con el corazón a las nobles estaciones de tren o autobús  llenas de vida  y donde se llegaría a  los pocos puertos de mar que todavía transportaban pasajeros.

Era una vuelta a los medios de transporte públicos  tradicionales :  destartalados buses, vetustos trenes y  barcos con varias décadas de servicio , esos serían los medios con los que  debería desplazarse durante todo un año. La idea reconfortaba  sobremanera a un  Terzani que veía un año especial por delante.  Su corazón le latía con fuerza al saber que no se equivocaba pues  su interior se lo  pedía quizá desde  hace  muchos años . Necesitaba unas nuevas dosis de retos, aventuras y el reencontrarse con una forma de viajar mágica y pausada que tanto le llenaba.

Las  páginas imperecederas y maravillosas  de la vida de Terzani nos llevan a recorrer  y entender el continente asiático que tanto fascinaba al viajero italiano. Podemos conocer la realidades sociales, económicas y políticas de países como Tailandia, Birmania, Laos, China, Malasia, Indonesia, Singapur, Vietnam, Mongolia, India o  Camboya.

Ayer por fin he visto la película  “El fin es mi principio”, se trata de una obra basada en el libro del mismo título. Las obras hacen referencia a uno de los grandes reporteros de las pasadas décadas: Tiziano Terzani. Para  la mayor parte del público Terzani puede ser un autor completamente desconocido, pero para otros es un referente como viajero ,reportero y persona Al igual que otros grandes reporteros, su trascendencia no suele llegar a las masas ni a las listas de éxitos de la decena de libros más vendidos.

Tiziano Terzani forma parte del olimpo especial para mucha gente entre los que me encuentro. Terzani es como otros viajeros humanistas el estilo de persona que creo nos hace mejores seres humanos, gente  sencilla y humilde como Manuel Leguineche y Ryszard Kapuscinski. Gente que en cierta forma nos marca una referencia moral y ética de un humanismo cada vez más necesario. La bondad de los extraños puede ser una buena definición para catalogar  a unos autores que llevo dentro como si fueran parte de la familia o la cuadrilla de amigos de siempre.

En estos tiempos convulsos es cuando miro a gente como Tiziano Terzani, pienso en que su  mensaje y legado se extiende con unas formas humanas, sencillas , consmopolitas y llenas de  humildad. Resulta imposible negar que me he emocionado viendo la película, aunque  como suele ocurrir casi siempre que se adapta un libro  no puede compararse con la calidad del mismo.

Terzani como tantos grandes hombres vino de una familia humilde que fue haciéndose camino en la vida a base de libros y a estudiar . Un italiano venido de la Toscana en el que se muestra un legado mediterráneo cosmopolita, sabio  y noble que viene de hace siglos. Su pasión por Asia vino desde joven y en su subconsciente estaba desde siempre la idea de ir a China. Como otros apasionados, su esfuerzo y coraje le llevo a conseguir su sueño. Antiguo ejecutivo de Olivetti , Tiziano abandonaba la seguridad económica del mundo empresarial para embarcarse en un incierto futuro como periodista.

Asia fue su lugar, el  elegante porte de fiorentino siempre le acompañó, pero sus raíces se extendieron por el mundo del lejano oriente. Su vida resulta  una aventura que nos recuerda a los libros clásicos de los genios Verne , Stevenson, Salgari o Conrad.

El mundo por montera y el viaje como catalizador de un aprendizaje basado en experiencias, diversidad, culturas, gentes y muchos  libros. Mientras los hijos de los extranjeros vivían como expatriados, Terzani llevaba a sus hijos a las escuelas populares chinas para que vivieran (y sufrieran) la realidad de la gente. Mientras otros periodistas iban a entrevistar a altos cargos, el bueno de Terzani iba en busca de las gentes corrientes para tratar de entender la realidad del pueblo corriente en la calle. Mientras unos viajaban en avión, Terzani optaba por no viajar por aire durante todo un año, y todo por  una  simple profecia que un adivino le decía.

Asia y la URSS siempre han sido dos espacios que atrajeron a Terzani , y al igual que yo lo  siento, el viaje se convertía en la verdadera escuela de la vida. Singapur le parecía un lugar que se asemejaba a un centro comercial, así que Terzani afirmaba que detestaba la aparente perfección artificial, él se consideraba un enamorado del caos, del mundo  sencillo y humilde con sus gentes. Bangkok, Pekín, Delhi o Tokyo fueron algunas de las ciudades en las que vivió, fueron su base de operaciones para su actividad como reportero del Der Spiegel alemán.

Guerras, revoluciones, genocidios, cambios  y un sin fin de situaciones sociales son las que el gran Tiziano pudo vivir durante unas décadas que cambiaron el mundo. Y así fue como el gran caballero de la Toscana sería recordado, como un eterno viajero al que le  maravillaba el mundo y sus gentes.

En estos tiempos actuales de corrupción extrema y donde parece que todo vale es cuando la figura de Tiziano Terzani adquiere su verdadera dimensión. Su legado es el de un hombre honrado, sencillo y humanista que nos lleva a entender no solamente Asia, sino también parte del camino de la vida y de la propia existencia.

Un viajero que siempre me acompaña y al que admiro profundamente. Gracias querido Tiziano, a algunas personas todavía se les puede llamar Maestro y  eres sin duda  uno de ellos…

Hoy la cita es : ”Vive una vida en la que te reconozcas” Tiziano Terzani

 

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