Reencuentros con Portugal y las calles que allí se llaman ruas

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Cuando aún me quedan posts por escribir de  la Ruta de la Seda y de la Vuelta al mundo vuelvo a teclear de nuevo con la calma pausada que me caracteriza. He estado durante las pasadas navidades viajando por Portugal, era un reencuentro deseado con el país donde estuve de Erasmus y al que solamente había regresado en una ocasión  desde aquel inolvidable año. Los tiempos que corren actualmente en Europa no son para tirar  cohetes, la galopante  crisis económica afecta con fuerza severa  a España y a nuestro vecino Portugal. Sin embargo, creía que en estas fechas señaladas lo que más me apetecía era volver a estar en ruta reencontrándome con la vida portuguesa. Sentir de nuevo la belleza de sus paisajes, poder volver  a saborear  esa deliciosa comida y a conversar con  las  gentes de un  país que sigo amando. En definitiva, volver a viajar por un lugar que me fascina y que pese a la cercanía geográfica siempre será un  destino especial y fantástico que llevo guardado en el corazón.

A veces, en ciertos lugares  uno cree reencontrarse con una forma de vivir pausada, donde el tiempo parece haberse detenido, donde los días no transcurren siguiendo el avance  de las horas sino que se dejan llevar tras el alegre devenir . Y  es en lugares así donde uno cree trasladarse en el tiempo y vivir en otra época.

Mentiría si dijera que los libros no me han influido para querer viajar así, sentía desde siempre a los clásicos viajeros viajando por el simple hecho de  viajar como nos decía el bueno de   Stevenson. En otras ocasiones era un viaje  buscando más paisanajes que paisajes que dijo Leguineche , o recreándose uno ante todo lo que viésemos como hizo el bueno de Leigh Fermor en sus tiempos de los regalos. Observando con la curiosidad innata de un niño a veces, deambulando solitariamente otras , conversando cuando se diera con  las gentes que el camino predispusiera para cruzarse con nuestras vidas .

Conocía bien bastantes lugares del norte del país , así que mi destino era poder visitar el Alentejo, sentir de lleno su maravilloso  azul del cielo, caminar entre calles con  el blanco intenso sobre  las fachadas de sus casas.  y sentir en tren o autobús el infinito viajar que decía Claudio Magris . Todo ello entre los buscados  contrastes, el que va de las  ciudades a los pueblos  y del mar a esos otros parajes campestres llenos  de  tierras con extensos  cultivos de cereales y viñas .

Tenía días para viajar sin rumbo fijo, deambulando de aquí para allá como si de un nómada se tratara. No quería sentir la  presencia del tiempo, mi deseo era simplemente viajar, dejarme llevar y volver a estar sin ningún propósito turístico de ver a toda prisa. Es por ello  que se daban las circunstancias que necesitaba para dejarme de nuevo arrastrar por la magia del camino , con espacio suficiente para leer y escribir a la sombra del árbol de una plaza o bajo el cobijo de una vieja tasca y la curiosa  mirada de los lugareños. También era un tiempo necesario  para olvidar si hiciera falta, Portugal era como un viaje perfecto que me iba a teletransportar a ese espacio atemporal donde el futuro se combina con el pasado y donde las ilusiones perdidas se mimetizan con el brillo del futuro por crear.

La bella y vieja Lisboa era de nuevo la puerta de entrada que me permitiría saborear las calles, las tascas, las miradas , los sabores y aromas de ese Portugal que navega hacia al futuro con la enorme nostalgía de quien fue rey de los mares. Hablar de Portugal no es solamente hacerlo de su crisis actual, de la saudade constante  y de los sonidos de  su fado, también es hacerlo de un pueblo pionero en los viajes de descubrimiento, en sus navegantes, en esos viajeros que son parte fundamental  de la exploración histórica.

En la vida los reencuentros no son sencillos, muchas veces se cumple el dicho de no hay que volver al lugar donde has sido feliz, pero tras las vivencias que he experimentado estos años, consideraba que era el momento adecuado para reencontrarme con ciertas calles, con ciertos lugares, y quizás también porque no decirlo  con ciertos fantasmas.

Desde aquel mirador del barrio lisboeta de la  Alfama uno pudo sentir hace años una brisa especial de humanismo cosmopolita que era la semilla básica de la que estaba hecho uno. Esa mezcla que une  los aires de Europa con los de América, África y Asia , la mezcla y riqueza de todo ello se mezclaba con  ese conjunto de emociones que corrían por la sangre con ganas de vivir múltiples aventuras. Y  esas miradas con olor a mar siempre llevaban a desear  futuros viajes para poder así convertir aquellas lecturas y anhelos infantiles en sueños por realizar. Buscar la aventura y sorprenderse ante lo desconocido en la lejanía de los mares donde el sol brilla como si de un tesoro se tratase.

Sostiene Pereira de Tabuchi muchas realidades de vidas anónimas, como también lo hizo el hijo prodigo Saramago. Es de esas y  otras infinitas  lecturas donde surgieron palabras que no se las llevaba el viento pues eran sabias y eternas. Fueron sueños gestados  en  esas librerías de viejo que aquí se alzan sobre calles empedradas. Viajes y sueños donde los libros te teletransportan a aquella frase que nunca olvidaré de que el viajar era el verbo que no conocía la monotonía.

Es así donde la realidad se confundiría con el pasado para proyectarse con el incierto futuro, navegar los mares para volver a casa, sentir los puertos y ciudades donde salieron exploradores que querían dar la vuelta al mundo. Y era allí donde al cerrar los ojos podría de nuevo  sentir esos  lugares donde la revolución se hizo no con las armas sino con  los claveles. También era entender un lugar lleno de aquellos viejos libros leídos con historias que iban de la expulsión de los judios a las fascinantes  vidas de aquellos marinos y aventureros. Hombres como  MagallanesVasco de Gama salidos de Portugal por mar, por sed de aventura, de conocimiento y de progreso , marinos  que llegaron al fin del mundo. También salieron por mar aquellos dos aventureros jesuitas españoles  llamados Pedro Páez o Francisco Javier que llegaron a lugares remotos de África y Asia.

En unos casos eran gente de armas, en otras de religión, algunos acoplaban la pasión por el viaje y el mar  , pero también por el conocimiento de  la ciencia y  las letras. Todos ellos conformaron un legado histórico imborrable  donde la  aventura del descubrimiento  está con letras de oro entre los viajeros y exploradores. Es en esas vidas donde siento el profundo respeto por aquellos aventureros que pisaron estas viejas ruas y universidades antes de su devenir viajero por África, América  y Asia.

Y todo ello se cruza con en estos tiempos contradictorias de incierto futuro donde nadie sabe lo que nos espera de un capitalismo suicida basado en especulación y deuda. En ese año 2012 que ahora abrazamos y que  ya hace siglos anunciaban como el del fin del mundo.

Pero que se le va a hacer, uno nació optimista y el camino de la vida se va  ir perfilando como si de un viaje se tratara. Y es con en esa vieja mochila con la que voy  sentir de nuevo muchas cosas conocidas y otras por descubrir , como el ver ese añorado  azul de cielo y  esas blancas fachadas de un Alentejo que se asemejaban a los pueblos de la querida Andalucía. Y todo con un mar que se abre directamente al océano y donde a los delfines se les llama golfinhos.

Caminar sin rumbo, coger el siguiente tren, hablar con desconocidos al abrigo de una tasca popular, saborear platos sencillos hechos con el cariño y la paciencia de un tiempo necesario para recrearse ante la nostalgia pasada . Estar  de nuevo en esos lugares que nos llevaron  a  navegar en tierra atravesando la historia, los sueños, las páginas  y las vidas de aquellos que nos precedieron y que llevaron el conocimiento más allá de los mares.

Las calles de un país que me acogían de nuevo como si nunca me hubiera ido, pero en está ocasión sus lecciones y su sabiduría iba a venir con muchos de los mensajes escondidos en unas calles que aquí se llaman  ruas….

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Cruce de caminos en Samarkanda

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La Ruta de la Seda y los países de Asia Central han estado de actualidad últimamente, y es que  hoy como ayer sigue siendo parte del gran juego que enfrenta a los intereses de las grandes potencias internacionales. Las tierras de Asia Central gozan de una situación geo-estratégica privilegiada en un cruce de caminos entre el mundo árabe , China y Rusia. A todo ello se suma la importancia vital desde el punto vista energético, y aunque ahora sea una  sombra de lo que fue , las tierras de la antigua  Ruta de la Seda siguen estando en el candelero internacional. Y es  precisamente aquí durante estas semanas de viaje donde voy a poder sentir, ver y vivir el caos étnico , político, social y religioso de una de las zonas calientes del Planeta.

Ahora mismo y mientras escribo el presente post es cuando alzo la vista y miro detenidamente a mi  biblioteca  personal. Con un par de miradas  veo muchas y variadas referencias  a estas lejanas tierras de los países  de Asia Central. De Colin Thubron  con su Sombra de la Ruta de la Seda paso a Lutz Kleeveman con su nuevo gran juego , de Peter Hopkik y sus demonios extranjeros en la legendaria ruta paso a los legendarios libros de Thomas O. Hollmann y Francois Pernor donde puedo viajar desde Europa a Asia.

Con esos grandes libros pude  conocer con mi imaginación aquellas lejanas tierras y las vidas de las gentes locales y de los  legendarios aventureros, comerciantes y viajeros que llegaron desde muy lejos. Por los mágicos libros como los que ahora tengo delante son con los que viajo muy  lejos cuando estoy en tierra y con la mochila guardada. Es con  ese mundo de aventuras, viajes y sueños con el  que me he trasladado muchas veces al interior de esos viajes imaginarios que se van convirtiendo poco a poco en una realidad. Y  tengo que decir que la Ruta de la Seda tiene una parte especial en ese  olimpo particular de mis sueños y aventuras, con ellos llego a culturas, mundos y vidas de muy lejos  que siempre me han fascinado. Todos esos grandes viajes y viajeros que nos precedieron hace siglos se aparecen como si una varita mágica o una máquina en el tiempo los pusiera a unos escasos  metros de distancia. Y es ahí donde recuerdo aquella legendaria frase de Descartes ” Viajar es como hablar con hombres de hace siglos”.

Veo como en  una esquina reluce el libro de Hugo Pratt y de su héroe Corto Maltés. Con ese memorable    “La casa dorada de Samarkanda “ despierto de la cabezada que estaba echando en el tren y  viajo de nuevo a tierras uzbekas. Veo a un  revisor que me golpea en el hombro y  nos dice que ya llegamos a nuestro destino. El rostro del hombre  marca esa imagen que llevo viendo los últimos días y que me va a acompañar durante las siguientes semanas de viaje, veo infinidad de  rostros curtidos como el suyo  con  sus dentaduras llenas de oro. Cualquier semejanza con la ficción no es casualidad, y algunos rostros parecen sacados de alguna película de James Bond. Pero el malo no es tal y se funde en un espontáneo abrazo conmigo y me dice un Spaseeba ruso que se acompaña por el Thank You de su compañero que chapurrea algunas palabras en inglés .

Atónito , no me queda otra que dejarme llevar por el impulso y las emociones para devolverle las gracias a él y a todos los niños que se despiden de nosotros con un universal Bye Bye. Puedo ver unos rostros de pena al despedirse de nosotros y ver como nos alejamos, para ellos somos esos extraños venidos de muy lejos a conocer su país. Recuerdo ahora no sabiendo por qué a esa madre e hijos  que nos encontramos en el parque de Tashkent que intentaba comunicarse con nosotros y que tras varias risas  finalmente buscaba una foto de familia que inmortalizara en momento con aquella pareja venida de lejos, de una España que aquí sonaba a otro planeta. 

Con la mochila ya en tierra nos despedimos de las gentes que siguen en el tren, las ventanas se llenan de rostros y manos que dicen adiós  con la sincera sonrisa de la gente noble. Puedo ver también el rostro del revisor pegado a su ventana con una sonrisa bañada en oro  que poco a poco se aleja con el tren que se acaba de poner en marcha. Pienso en esas vidas que van y vienen, en  los vaivenes que han dado estos países desde el desmoronamiento de la Unión Soviética y con los ya veinte  años de dictadura personalista. Son esas gentes sencillas y humildes  que aparecen en los caminos y en los trenes las que me fascinan, rostros que nos acompañan en el viaje físico y en el del corazón. Vidas,rostros, emociones, gentes y momentos que hacen tan sumamente  especial  y maravillosa la aventura de viajar.

Sorprendentemente veo que apenas nadie se baja del tren, pero en el vagón contiguo lo hace  un viajero que estaba en el aeropuerto de Riga, a su lado  sale otra viajera occidental. Tanto Claudia como yo les saludamos y resultan ser italianos, salimos de la estación y al alzar la mirada se ve la luna llena sobre nuestras cabezas. La noche es clara y hemos llegado a una de las ciudades mas emblemáticas de las rutas viajeras: la legendaria Samarkanda nos recibe con su estación de tren completamente destartalada y en obras . Los dos viajeros italianos hablan con nosotros y Claudia con su perfecto italiano se comunica con ellos en su idioma natal. Yo entiendo algunas palabras pero me  mantengo al margen de la conversación y me dejo llevar por mis pensamientos.

Decidimos compartir  los cuatro un taxi que nos lleve al centro de la ciudad, son aproximadamente las doce de la noche e intentaremos encontrar alojamiento, no tenemos reserva, pero creo que no debe ser ningún problema a pesar de encontrarnos en pleno mes de agosto. Al salir a la estación recibimos el asalto de  una avalancha de conductores que  buscan hacer el día con cuatro extranjeros. Tras escribir en una libreta  diferentes números para indicarles los precios dispuestos a pagar recibimos risas y nuevos precios, pero al final  conseguimos negociar con uno que chapurrea unas palabras en inglés y que nos parece un precio razonable. Es así como entramos apretujados en un destartalado taxi y recorremos los pocos kilómetros que nos separan del centro de la ciudad.

La  legendaria ciudad duerme y nosotros conversamos en el taxi, yo voy delante al ser el mas corpulento ( rellenito) de los cuatro,  voy sonriendo mientras miro  al conductor ,me encuentro con las primeras calles de la ciudad y pienso en esa mochila que me ha acompañado en tantos sueños y lugares. Mientras tanto, en la parte de atrás Claudia habla en italiano con los dos viajeros transalpinos y entre todos se ponen al día del viaje . Le indicamos al taxista que nos lleve a Antica Bed and Breakfast , es un lugar céntrico, agradable y uno de esos negocios que ha sabido adaptarse a los viajeros de mochila y del Mongol Rally.

Pasa aproximadamente un cuarto de hora hasta que llegamos a nuestro destino  y a pesar de la noche cerrada hay una brisa agradable que hace que el ambiente sea  muy placentero. El viaje transcurre por unas largas rectas   impersonales de estilo comunista , calles no exentas de baches y mal asfaltadas. Doblamos una esquina y aparece una plaza , y el taxista nos indica que es la de Amir Timur. Avanzamos cien metros y a nuestro lado aparece majestuosa  la belleza impactante del Gur Er Mausoleum. Es así como me encuentro por primera vez con  el  primer trazo de ese  azul turquesa legendario de Samarkanda que lleva maravillando al mundo desde hace siglos.

Aparcamos el coche delante , ya que Antica Bed and Breakfast está a escasos diez metros en una callejuela. Me detengo un rato y vuelvo a mirar atrás para recrearme ante  la belleza del lugar, unas luces y la luna llena hacen resaltar  la impactante arquitectura del mausoleo . Abro bien los ojos y el corazón se me acelera brevemenete de emoción  por estar aquí y me siento muy feliz de haber llegado a la legendaria ciudad de Samarkanda. Detras sé que está otro pequeño mausoleo, el   Ak Saray mausoleum, pero hoy estoy maravillado por el color azul turquesa que veo delante. Me siento abrumado por esa arquitectura fascinante y sobre todo por el brillo que ejerce con el cielo estrellado y con la belleza de la luna llena. Todo ello forma un marco mágico , glorioso  y memorable que me acompañará mientras viva y que en los siguientes días se va a ver mágicamente multiplicado.

Caminamos por las callejuelas que se asemejan (salvando las distancias)  a las de un pueblito andaluz,  y es así como  llegamos al Antica Bed and Breakfast . Nuestro conductor nos ayuda y nos acompaña, la propietaria parece que se acaba de levantar, sus ojos adormilados  y sus  pelos alborotados nos muestran que acaba de salir de la cama. Hablamos con ella  en el precioso patio y negociamos los precios por las habitaciones en función de los días que nos vamos a quedar.

Ya instalados es hora de dormir, ha sido muy  larga y cansina  la jornada desde que salimos de Tashkent : los policias en el metro, la estación de tren , el cambio en el mercado negro, la chica con dinero en  la bolsa de basura, los niños del tren, el revisor con sus dientes de oro…. Han sido muchas emociones para  un solo día, pero ahora toca descansar, dormir y soñar con lo que mañana veremos. Me duermo pensando en libros leídos a miles de kilómetros, recuerdo las vidas de aquellos viajeros , comerciantes y aventureros que llegaban hace siglos a  esta lejana y mágica Samarkanda. Una ciudad de leyenda que desde hace mucho leía en los libros pero que hoy ya es toda una realidad y un sueño que puedo ver , sentir y vivir…

Hoy la cita es: ” Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos” Fernando Pessoa

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De la burocracia al tren que llegaba al sueño de Samarkanda

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Hay nombres que directamente están ligados al viaje y a la aventura. La lista puede ser inabarcable y obviamente es algo que  dependerá de cada uno, pero lo que es bien cierto es que hay algunos lugares que sin duda están en la  mente y corazón de muchos viajeros . Entre ellos,  hay uno  que evoca a una forma de viajar antigua, cosmopolita y multicultural, se trata de Samarkanda y hace muchos siglos fue uno de los núcleos del saber,  del comercio y de la unión entre Oriente y Occidente. Y ahí está la vieja Samarkanda resistiendo el paso del tiempo y esperando al viajero, hoy en día poco queda de la sabia ciudad que albergaba a aventureros , comerciantes y a las caravanas de la legendaria  Ruta de la Seda .Pero a pesar del devenir del tiempo uno no puede dejar de soñar con pisar una ciudad con tan rico pasado. Y hoy en día esa ciudad  está anclada en un presente contradictorio dentro del enclave  convulso que es ese país llamado Uzbekistán.

Pero antes de llegar a la legendaria Samarkanda tuve que arreglar mi último día en Tashkent con una de las cosas que realmente odio y se me dan mal: la maldita  burocracia. En España me fue imposible hacer la visa de Kyrguistán al no disponer de embajada y estar sin tiempo para enviarla a capitales como París o Berlín. Así que todo pasaba por Tashkent, era en  la capital uzbeka el único lugar posible para poder hacer la visa kirgiza. Llegar a la propia embajada se convirtió en un acertijo de callejuelas distribuidas entre perpendiculares y paralelas que  se cruzaban con pocas ( o ningunas)  indicaciones. A todo ello se le suma la imposibilidad para hacerse entender en inglés  o enseñando un mapa , y es  que en estos países  nadie sabe donde está nada. Con algo ( mucho) de paciencia y un poco de suerte logramos llegar a la embajada kirguiza. Pero aunque yo estaba fisicamente en Tashkent , mi mente y corazón ya estaban con los sueños de esas fotos y lugares legendarios y fascinantes que había visto de la mítica Samarkanda.

Allí , delante de la embajada ya estaba esperando un viajero suizo en bicicleta ,  a la primera  se veía  que estaba haciendo parte de la Ruta de la Seda. Tras llegar me ví desanimado al ver que debía esperar una semana para obtener el visado, pero luego pude ver y experimentar como  en esta parte del mundo las cosas funcionan de otra manera y uno mas uno no suelen ser nunca  dos ;)Estaba ante unas pruebas de los burócratas y de un  sistema arcaico para poder alcanzar uno de mis sueños dorados como viajero: llegar a la legendaria  Samarkanda.

Tras las esperas de rigor y ver como llegaban nuevos viajeros  el policía de la puerta  tomó notas de nuestros nombres y nacionalidades. Al igual que con los policías del metro , se abrió de nuevo la conversación con el obligado tema  futbolero del   Barça -Madrid y el éxito de la selección española como campeona del mundo en Sudáfrica. Con una noble y cercana sonrisa  me dijo  que  era del Madrid pero  que su compañero era del Barça, y fue así como  suavizado por el fútbol  me indicó que   era mi turno y que podía pasar.

Tras una puerta hermética gris entraba en uno de esos sitios que huelen a burocracia por los cuatro costados. En una minúscula entrada me recibía una mujer que me indicaba con señas que debía pasar a la estancia contigua donde estaba ” El jefe que cortaba el bacalao”. Y tras pasar una nueva puerta  me encontraba con un nuevo burócrata, tenía delante a uno de esos personajes que pueden  trabajar tanto en una embajada como  ser el contrabandista de turno, o quizás las dos cosas al mismo tiempo ;) .

Fue allí donde pude entender como aquí las cosas nada tienen que ver con las reglas  del mundo occidental , rellenaba unos papeles, entregaba la  foto y me entero que no debo dejar el pasaporte. Me sorprende gratamente eso de que aquí se podía recoger la pegatina de la visa dentro de una semana con lo que me alegraba eso de poder mantener  el pasaporte . Veía que solamente me quedaba una última prueba para acabar tanto papeleo de visas : pagar en dólares el precio de la visa kirguiza. Pero claro, estaba ante un ligero problema ya que no tenía dólares, solamente disponía de  euros, y curiosamente el banco donde debía hacer el ingreso no cambiaba de euros a los billetes del Tio Sam. No solamente me dicen eso,  sino que un policía con cara de pocos amigos me dice que en cinco minutos cierran por espacio de  dos horas,  que era tiempo de irse a  comer y que me vaya de una puñetera vez.

A veces en estos países uno se pregunta donde está la cámara oculta que regula todo el caos reinante. Uno piensa que hay algo que funciona de forma diferente, y es que eso de acudir a un banco y no poder sacar dólares ni poder cambiar euros a dólares me forzaba  a pensar las posibles opciones si quería arreglar en el mismo día todo . 1) Ir al hotel y cambiar allí 2) Ir al mercado negro a buscarme la vida. Solamente tenía unas cuatro horas ( que quitando las dos que el banco  estaba cerrado se quedaban en  dos) para hacer el pago en dólares y  entregar el puñetero papel con el sello en la embajada , así que me puse a pensar rápido.

La opción más cercana y lógica era volver al hotel, allí intentar sacar dólares con la tarjeta de crédito . Pero como iba siendo el día debían aparecer nuevos problemas, y era que la máquina del hotel no quería funcionar el día D y en la hora H que yo  necesitaba  pasar mi tarjeta y usar sus servicios :( . Con mucha calma tuve que esperar una hora viendo como pasaban sucesivamente ese trozo de plástico que debía alcanzar el climax con la conexión de la vetusta máquina. Finalmente , tras decenas de intentos fallidos  las señoras  lo seguían intentando, veían que estaban ante alguien  con cara de buen chico que necesitaba dólares a toda costa. Y fue así como tras una hora y tras aguantar estoicamente  con mucha  paciencia me dijeron que por fin daba señal y que me daban los dólares que inmediatamente  sacaron de una caja fuerte con dos cerraduras . Gracias a  esas  mujeres  pude llevar dinero en dólares relucientes al banco, allí tuve que seguir rellenando formularios ( jodida burocracia inútil de estos países con la herencia – tradición comunista) y atravesar varios despachos para poner sellos y obtener firmas de unas estructuras hiper jerarquizadas. Con el sello de turno de haber realizado el pago pude volver a la embajada kirguiza a entregar los documentos, y así pude desentenderme de la visa y preocuparme tan solo de viajar por Uzbekistán. 

Completamente extasiado de la enorme  burocracia y del papeleo,  solamente me quedaba relajarme y alegrarme de haber superado estas pruebas que se asemejaban a las que sufrió Asterix en sus doce pruebas . Ahora me quedaba sacar el billete de tren para ir con Claudia a Samarkanda. Antes de ir a la estación pude charlar brevemente  con un español que se encontraba en el hotel. Se trataba de un entrenador de fútbol sala que estaba de visita en la ciudad por motivos profesionales.

Ir a la estación de tren es hacerlo no solamente  con el peso de las mochilas, es también hacerlo  con un buen fajo de dinero encima  de tres clases : los Sum locales (de los que dudábamos  tener los suficientes para poder comprar los billetes de tren ), los dolares recién sacados y el fajo de Euros que habíamos traído de Europa. Antes de llegar a la estación debemos pasar de nuevo por el metro tenebroso ( pero curioso) de la ciudad, con las inspecciones constantes de los policías que no se aburren pasando las hojas del pasaporte ni abriendo nuestras mochilas.

Al llegar a la estación de trenes y pese a la presencia policial recibimos el acecho de varios buscavidas  que intentan sacar tajada de la necesidad de cambio . Nada mas entrar, tocan las obvias medidas de seguridad de las mochilas y las miradas serias de los militares. Las ventanillas para sacar  los billetes están a nuestra derecha y afortunadamente hay  poca gente. Hacemos cola en una de ellas  donde casualmente la chica que esta  comprando   habla español ya que trabaja como guía y traductora  para grupos de turistas de nuestro país. Lo  sorprendente  era ver como  estaba pagando ,  obviamente con dinero, pero era sacado a puñados, en enormes fajos de billetes salía desde  una enorme bolsa de basura negra. 

No me  quedaba otra que sonreír ante lo que veía delante, esos fajos de billetes saliendo de la bolsa negra de basura me mostraban unas situaciones rocambolescas de un simple acto de comprar y pagar unos  simples billetes de tren. Y es que  allí estaba todo el dinero que pagaba los veinte billetes de tren de un grupo de turistas españoles que vendrían en dos semanas a visitar Uzbekistán. Abrumados por tal cantidad de papel ( que no de dinero) bromeamos y la chica comienza a sonreír y ver la gracia de la situación,  a su vez  la cajera espera con cara de pocos amigos  mientras una maquina contabilizada la ingesta cantidad de billetes.

No se puede pagar los billetes de tren ni con tarjeta de crédito y en este caso tampoco en dólares. Estamos en un país donde  las leyes marcan unas realidades en función del lugar en cuestión. Por la mañana valen los dólares, ahora no, en una semana volverán a valer los dólares para comprar billetes de avión, en fin, paciencia , mucha paciencia. Así que le explicamos a la chica nuestra necesidad de comprar dos billetes con  destino  Samarkanda y ella nos ayuda pero nos dice que no tenemos suficiente moneda local. Por ello, Claudia acude al mercado negro de la zona a cambiar unos 30 euros que nos hacen falta para poder pagar los billetes. Allí estoy yo con una sudada de escándalo tras la ajetreada mañana en la embajada  y sentado con  las mochilas apoyadas en el suelo, una de esas imágenes repartidas por el mundo de los viajeros: las largas esperas en las estaciones.

Mientras estoy esperando cierro los ojos y recuerdo estaciones y  otros trenes legendarios como el Transiberiano del año pasado. Cuando los abro veo     rostros de muchas razas , desde los blancos  eslavos, a los uzbekos, kirguizos, mongoles, chinos. Es allí en una simple estación de tren donde puedo ver como convergen el crisol de razas de muchos de los pueblos de Asia Central y de lo que fue  la antigua Unión Soviética ,  de rubios que parecen suecos a los contrastes con otros  rasgos totalmente asiáticos.

Pasan los minutos y  empiezan a acercarse curiosos y una pareja intenta hablarme con cuatro palabras en inglés. Ya con Claudia de vuelta y  con el dinero uzbeko fresco ( gracias a la inestimable ayuda de la joven) logramos conseguir los billetes que nos van a llevar   a coger un tren dentro de dos horas con destino a  una de las ciudades emblemáticas de los viajeros: Samarkanda. Y es alli, en otra estacion  donde pasa rápidamente  el tiempo  de espera antes de ir  a un lugar largamente soñado.

En la espera quito el hambre con algo así como un Kebah , en algo así como  la cafetería de una estación. Durante todo ese tiempo bebo agua a mares, el calor es insoportable a estas horas de la tarde y puedo ver como  un termómetro marca los cuarenta grados. Es una tarde cualquiera de agosto, pero yo me encuentro en Asia Central y  a escasas horas de poder cumplir el sueño de  llegar a uno de esos lugares que desde hace muchísimos años me fascina.

Y es que  con tan solo oír el nombre de Samarkanda se me iluminan los ojos ante un lugar fundamental de la Historia y ante los enormes mitos de los viajes, la exploración y el comercio que  dieron prestigio y fama mundial a ese  lugar de leyenda.  Todas las penalidades y luchas con la jodida burocracia habrán merecido la pena por llegar a una ciudad fascinante como Samarkanda, un lugar  que aunque no es ni sombra de lo que fue, conserva en su alma y rincones ese mito viajero que hace que quieras llegar a estar allí.

No podía ser de otra forma que  llegando en tren, en ese medio de transporte tan legendario, romántico y bello que me fascina y en el que he vivido tan fascinantes momentos . En un tren que recuerda a los del Transiberiano nos embarcamos, son unas cinco horas  las que tenemos por delante , es allí entre un grupo de niños donde dejamos atrás la capital de Tashkent para ir en búsqueda de la leyenda de Samarkanda. Allí, en ese tren fluye la vida y la animación, entre niños, familias y el noble  afecto de las gentes humildes . Ese es nuestro camino a Samarkanda, el que va en raíles y en otro legendario viaje que llega a uno de las ciudades con las que siempre he soñado

Hoy la cita es: ” Los viajes enseñan la tolerancia” Benjamin Disraeli

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Taskent: Entre las avenidas del silencio y el verde turquesa de las cúpulas

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Tashkent y el viaje en la máquina del tiempo fue  el título del primer post que hice  sobre la capital uzbeka. Y es que esa extraña capital resulta curiosa en un país que forma un extraño caleidoscopio con sus  vecinos los  Tanes : Kirguistán, Kazakstán, Turkmenistán y Tayikistán. Países que nos suenan raros,  a veces a chiste, otras a desconocidos,  a corruptos, en definitiva a lugares tan alejados de la mano de Dios que resultan imposibles de colocar en el mapa para la mayoría de la población occidental.

Tras las primeras impresiones de la capital me dispuse a ir al Bazar de  Chorsu , sin duda una de las zonas recomendadas, tanto por su  arquitectura en mezquitas y madrassas    como  por ser un mercado-bazar que te lleva a intuir parte de lo que fue, es y sigue siendo esta parte del mundo. Siempre me ha fascinado el  visitar mercados,  es algo que intento hacer en cada país, eso me hace entender , oler , sentir y ver parte de la vida real del lugar. Me fascina eso de perderme entre el bullicio de la compra-venta, en este caso era además uno de los lugares señalados y recomendados para cambiar dinero, y es que en mi mente ya tenía una palabra rondando , era Change y el  One Euro= 3400 Sum.

El dinero lamentablemente no necesita de demasiado dominio de idioma, change y money funcionan como palabras internacionales que todo el mundo entiende. Y en el presente caso es la propia idosincrasia del lugar lo que obliga a ello. Estamos ante un país extremadamente  corrupto , burocrático y dirigido con mano de hierro por otro de esos dictadores que pasan del socialismo utópico a la crueldad de unos gobiernos centrados en la reverencia absoluta al líder.  Y con  todas esas variables se produce un caos que provoca en sus gentes   la imperiosa necesidad de tener divisas internacionales. De nuevo otra muestra de que el experimento comunista de la Unión Soviética era otro caso de consecuencias  imprevisibles cuando Moscú se alejara del control de sus repúblicas.

Salir a la calle y recibir una bofetada de aire caliente de 40 grados es algo que no me  agradaba en absoluto , pero era la realidad y  lo que me estaba encontrando estos primeros días en Tashkent.

Ya en la calle buscaba la M mayúscula de metro en los alrededores del hotel, y allí me dirigía, a atravesar la inmensa ciudad en su tétrico metro. Lo primero que me llamó la atención es ver a un policía  en la puerta de la salida-entrada del metro. Fue llegar y mandarme abrir la mochila y mostrar el pasaporte, con calma y cara de buen chico le mostré mis pertenencias para recibir un OK y las indicaciones de que podía bajar las escaleras. Bajaba los escalones y me encontraba con unos azulejos desgastados e insípidos que me hicieron  teletransportarme en el tiempo. Buscaba las palabras Kacca que me llevarían  a la ventanilla de los billetes, al encontrarla tuve la primera impresión  de viajar  a otra época, caras distantes y llenas de seriendad, vestimenta de hace muchas décadas, ausencia de publicidad en las paredes , en definitiva un viaje en el tiempo y  a otro mundo.

Pero de nuevo dos policías me paran y con porte serio se cuadran y me mandan abrir de nuevo la mochila y mostrar el pasaporte. Pienso para dentro  sobre   la lógica  de que me pidan hacer lo mismo dos veces  en los 15 escasos metros que separan la calle de donde me encuentro. Pero bueno , toca obedecer y callar, todo por no molestar  a la burocracia que tanto detesto.

Pienso que  tengo que ser muy paciente durante el viaje, saber donde me encuentro, y es que  así funcionan las cosas en la capital de Uzbekistán. Los uniformados disfrutan viendo los colores , las visas y el pasaporte español, pasan con delicadeza las hojas y de repente  uno de ellos me mira y me dice ¿ Barça -Madrid?. Yo, ajeno al fútbol  desde siempre le digo sin pensarlo demasiado: Madrid, but Barça very good team.  Y tras esa respuesta ambos  me lanzan una sonrisa futbolera en la que  puedo ver  que el fútbol es universal. En esas sonrisas hay algo que va a ser una de las constantes generalizas   que me van a acompañar durante las siguientes  semanas : los dientes de oro en sus  bocas que me recuerdan a los malos en las películas de James Bond. Con el apto de los dos amigos introduzo mi ficha-moneda en unas rústicas máquinas de metro y observo como la señora de la cabina me mira con una cara triste y desangelada que me estremece.

En esos momentos pienso en todos los cambios que esta pobre gente ha experimentado a lo largo de sus vidas, la dictadura comunista que negaba libertades al pueblo se ha convertido en otra dictadura corrupta que  tampoco permite  que el pueblo  pueda alcanzar cierta libertad  individual , de movimientos, de opinión, política  y de actos. Bienvenidos al caos geopolítico, estratégico, energético, económico, racial, étnico, religioso  y social de esta parte del mundo. Y es que empiezo a ser consicente de donde estoy . Lo cierto es que Asia Central queda a una distancia  mucho mayor que los miles de kilómetros que me separan de Europa , pero a pesar de todo ello, intento como siempre  adaptarme a velocidad de vértigo al entorno donde me encuentro.

Me bajo en la parada que me va a permitir ver lo que se denomina Old Town, el Chorsu bazar y unos alrededores que representan algo diferente y alejado de las insípidas avenidas del silencio que pude ver ayer en los alrededores del hotel. Cuando salgo del metro  me encuentro con un caos más propio de Asia que de la Rusia tradicional, y de nuevo estoy precisamente ante la ausencia de unos patrones occidentales , es ahí donde radica el funcionamiento y la supervivencia de la vida de miles de millones de seres humanos repartidos por el ancho mundo.

Baratijas, ropa de evidente origen chino, hogazas de pan, frutas, puestos de bebidas, lapiceros y cuadernos, todo ello se agolpa y está  en escasos metros. Allí de nuevo  encuentro como la vida fluye entre una variedad  de productos que se venden y me sorprende la increíble mezcla racial de la población local. Siento que recibo miradas de todo tipo, algunas abuelas me sonríen, los niños me señalan con el dedo y alguno se lanza y  me dice Hello, en cambio los hombres me asaltan con dos  únicas palabras que son  MONEY y  CHANGE.

Tras negociar con tres personas diferentes  busco el cambio que el amigo Sele me ha indicado : 3400 Sum por Euro. En la primera intentona y tras mucho negociar  no lo consigo y me quedo en 3300 por euro,  la diferencia en estos casos es irrisoria, así que decido cambiar 20 euros y veo como en ese instante  el hombre saca un fajo de billetes enorme y empieza a pasar y contar a una  velocidad fascinante, sus dedos pasan los billetes de una forma vertiginosa .

Me da un mazo de billetes, algunos nuevos, otros usados, quiere irse rápido del lugar,  se le nota impaciente y me dice Police Police. Pero le digo que  espere o no le doy el dinero que le corresponde, de repente me doy cuenta que mi forma de contar los billetes es opuesta a la suya, le parece obviamente  lenta  y extremadamente torpe. Pero es evidente y normal   la falta de práctica  que tengo en contar billetes ;) , eso y el no querer ser victima de un timo son los motivos que me hacen tardar un par de minutos. La cuenta final no me sale y le digo que faltan 500 Sum, me mira con mala cara y le digo : Money my friend. Tras poner el inevitable rostro de pocos amigos saca otros billetes y me los entrega , ya tengo dinero para un par de días y empiezo con la constante que va a ser eso de  acudir al mercado negro a cambiar moneda.

Con el dinero fresco  en la mochila camino entre los puestos de frutas  y especias, de forma insistente escucho  palabras que no entiendo pero que obviamente indican que quieren venderme productos ,  les digo a todos con la mirada que no y salgo del lugar. Tras recorrer las instalaciones y saborear el ambiente del  mercado en  Chorsu me voy a visitar algunas de las madrasas de la zona y los  alrededores.

En la de Kukeledass me maravillo ante la arquitectura de otra época que me lleva a viajar en el tiempo con la imaginación . Cierro los ojos y puedo ver caravanas de comerciantes, de aventureros y de gentes diversas venidas desde muy lejos. Me pregunto en ese instante si los buenos de Marco Polo o Ruy de Clavijo habrán estado en los alrededores de la zona en la que me encuentro. Unas mujeres me paran  y con una afable sonrisa me  preguntan en inglés la nacionalidad, esa actitud me hace ver que el Islam de esta parte del mundo es mucho más abierto que el que se profesa en los países de África y Oriente Próximo , lugares donde la mujer es relegada a un estado de opresión total . Tras sacar  unas fotos de rigor me dispongo a salir en dirección a Khast Imom, lugar donde todavía se conserva algo de lo que voy buscando: la leyenda de la Ruta de la Seda y un azul turquesa de las cúpulas es el color que define ese algo bello e  inclasificable de esta parte del mundo.

Llego tras quince minutos caminando bajo un sol abrasador que me lleva a beber agua como un descosido, bordeo una curva y me encuentro de repente con una mezcla espectacular de colores a lo lejos Es la mezcla hermosa entre el azul intenso del cielo y el mágico verde turquesa sobre las cúpulas lo que me hace maravillarme.

Es allí,  entre la mezquita, la madrasa y laa biblioteca donde llego a  un  Islam antiguo  y tan alejado de las avenidas soviéticas que me han acompañado durante  las escasas 24 horas que llevo en la ciudad. No encuentro apenas turistas y tras maravillarme ante la belleza de la arquitectura pienso que es hora de buscar una sombra. A lo lejos y bajo un árbol veo el lugar que busco, me siento y abro la mochila donde  sobresale   la Moleskine y un libro. En estos momentos necesito descansar, anotar reflexiones , leer un rato  y así dejarme llevar por unas palabras que hoy no se las lleva el viento, sino que navegan entre la intensidad de un calor abrasador que me resulta cada vez más sofocante e insoportable. Me siento y observo los bellos   alrededores que tengo delante ,  con la madrasa de Barak Khan, ,  la mezquita de Tilla-Sheikh y el mausoleo de Kaffal Shashi estoy ante un marco incomparable y fascinante que me hace sonreir de buena gana y a  decir Wow.

Decido volver y cojo un taxi que me llevará a la parada de metro más cercana que resulta estar a unos dos kilómetros. La comunicación con el taxista es inexistente y negocio el precio antes de entrar , me sirvo de los dedos de la mano para indicar la cantidad. Vuelvo al metro y se repite el mismo ritual de la mañana, mostrar  mochila y pasaporte en dos ocasiones a los polis y encontrarme con  las mismas miradas desangeladas de la mujer de la taquilla y  la otra en la cabina de la entrada. Las personas son diferentes, pero la apariencia y las miradas son las mismas y  denotan el común  estado del alma.

El hambre aprieta y me vuelvo al centro donde continúan  los problemas de la gastronomía local y que me van a acompañar por todo el país. Tras un par de horas estoy de nuevo  en marcha y decido que es tiempo de visitar otra de las pocas atracciones turísticas reseñables  de la ciudad: La torre de television de Tashkent. Para llegar al lugar camino durante una hora por la misma avenida, los coches circulan de forma desordenada y caótica, pero la escasez de vehículos( estamos en un  fin de semana de agosto) y la inmensidad de las avenidas hace que reine una aparente tranquilidad.

Camino y me voy encontrando con una fiel representación de la población local, grupos de amigos, parejas , ancianas , trabajadores,  niños. Todos ellos tienen el mismo acto reflejo y es que  en muchos casos al cruzarse conmigo me miran, parece ser que mis ropas y cara delatan unos orígenes lejanos de ese mundo occidental al que muchos siguen viendo como la tierra prometida. Quizá se preguntan sobre el motivo que me ha llevado a deambular por las calles de un lugar poco señalado como destino turístico para los occidentales.

En algunos de sus  rostros noto la impronta melancolía de un futuro incierto y de un pasado caótico y cambiante. En esos momentos pienso que  los niños  son los únicos que mantienen  una constante vital común a lo largo y ancho del mundo. Es en  su  inocencia, en la innata vitalidad que muestran   sus ganas de jugar y la  falta de preocupaciones lo que lleva a esa  actitud infantil  global   que se repite en todos los niños del mundo cuando tienen sus necesidades básicas cubiertas.

La torre de televisión me deja bastante indiferente,  pero desde su parte superior se tienen  unas espectaculares vistas de toda la ciudad. Subo en un vetusto ascensor con falta de  muchas manos de pintura  y al llegar al mirador  soy consicente de la enormidad de Tashkent. Da igual en la dirección que mires, no se observa el final de la ciudad, los árboles y las avenidas abundan entre tanto edificio hasta un final que se cruza con el lejano horizonte. Camino despacio y veo como me acompaña en la visita un par de familias bebiendo sendas Coca Cola, observan como yo la vasta ciudad, de repente una niña del grupo se lanza y   me dice  un tímido Hello  y un Where are you from? que hace reír a toda la familia y que me hace contestarle.

Tras volver a la calle decido  que ya  va siendo de volver al hotel, la noche se ve venir a lo lejos y ya  ha pasado un nuevo día en Tashkent y quiero descansar. Mañana  será un día duro pues me toca  pelear con la burocracia de la embajada Kirguiza para obtener su visado. Eso  no va  ser la única incidencia , pues se le va  a unir  la experiencia vital  de sacar el billete de tren a Samarkanda. De repente noto que hay algo extraño en el ambiente que me rodea, siento  que me invade un estado de melancolía que me hace pensar  en muchas cosas. Son quizás  esas avenidas del silencio las que me llevan a pensar en el futuro, en el viaje, en el amor, en la vida y en todo el camino que me ha llevado a estar en esta extraña capital. Y  es así , con un calor sofocante llega el atardecer a la ciudad, deambulo con rumbo fijo como un zombie atravesando  unas avenidas del silencio y siento un pasado superpuesto  ante un incierto futuro…..

Hoy la cita es : ” Los viajes enseñan en tolerancia” Benjamin Disraeli

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Miradas de un viajero en China

English translation by google

La semana pasada estuve en la conferencia de Zigor Aldama en Bilbao, la temática era clara: ” Que vienen los chinos”. Ante un auditorio lleno a rebosar el genial reportero vasco mostraba sus fotos y reflexiones sobre el gigante asiático. Lo primero que me sorprendió en el lugar fue la  presencia   generalizada de gente mayor de 50 años y la ausencia total de estudiantes universitarios. Un choque generacional curioso e interesante que me hizo pensar si  con la que está cayendo en España  puede ser normal eso de que aparentemente sea la gente mayor los que  están más interesada en China. Algo curioso y digno de mencionar  la ausencia de universitarios y jóvenes profesionales menores de cuarenta años. Curioso en una región,  la vasca,  con diversas Universidades ( tanto públicas como privadas) y que cuenta con múltiples organismos que no paran de hablar constantemente de términos  como innovación, internacionalización o  emprender.

Una ciudad Bilbao, donde en los 16 meses que llevo viviendo  florecen como setas  eventos de emprendedores e  innovación pero donde apenas hay actos relacionados con la globalización, con países lejanos, con viajes y  la aventura o simplemente con el conocer realidades de otras partes del mundo. Por ello , el acto de la charla sobre China me pareció algo diferente y me agradó sobremanera el  poder estar escuchando a un gran reportero y viajero como Zigor. Allí estaban entre otros algunos amigos, como  el bueno de Iñaki , o la pareja viajera de Maribel y Roberto.

Por mi mente empecé a recordar mis  meses de vagabundeo por China durante la vuelta al mundo y durante el Transiberiano. Pensé que ya iba siendo hora de volver a escribir sobre todas aquellas experiencias y aventuras de tan  especial e inolvidable viaje. Cientos de anécdotas, de encuentros y desencuentros que me ocurrieron  al conocer partes de uno de los países más fascinantes y contradictorios de todos en los que he estado. Un país que con sus grandezas y miserías se está convirtiendo en pieza fundamental del nuevo tablero económico y militar de este  siglo  XXI en el  que nos encontramos. La charla fue genial y magistral por parte de Zigor, su conocimiento de la realidad asiática como viajero y profesional le llevo a mostrar la diversidad y la vida en China, y todo ello amenizado  por decenas de fotos que acompañaban su charla.

En esos momentos me acordé del libro que tenía en la mochila, un “Hotel Nómada” que estaba leyendo y del que acababa de subrayar algunas frases como  : “Dedicado a los viajeros, a quienes entienden el viaje no como una huida sino como un modo de conocerse a sí mismos; a quienes creen que al viajar se aprende. El destino, o los recursos que cada uno tiene para alcanzarlo, no es lo importante; lo que cuenta es la disposición, la mirada de aproximación al otro, al mundo que está fuera de nosotros”.

Sin duda que aquellas fotos y lo que oía en esos momentos se juntaba con los recuerdos y me hizo volar en el tiempo. Me teletransportaba a la lejana China y a recordar  vivencias allí acontecidas y que permanecen inmortalizadas con  cientos de fotos y con  las Moleskine apiladas en mi habitación . Y es entonces cuando  pienso y veo en un instante todas aquellas experiencias, los encuentros y el aprendizaje de aquellos meses. De repente veo de nuevo que aún me quedan muchas historias y realidades de aquel viaje que cambió parte de lo que soy . Sin duda que los meses en Asia me marcaron como pocas cosas lo han hecho a lo largo de  la vida. La calidad del aprendizaje social, personal y profesional de viajar por los gigantes India y China es algo que llevo muy dentro. Esa  CHINDIA que agrupa a los dos gigantes asiáticos  y que  supone ya  un cambio enorme en la forma en la que viven no solamente ellos, sino que afecta ya de primera mano a la sociedad occidental, a nuestros empleos ,  a nuestras economías y sobre todo al futuro que viene.

Y sin duda dos países llenos de rica Historia y que fascinan al viajero venido del mundo occidental. Son lugares donde la aventura se inicia muchas veces de la forma más inesperada al encontrarte con desconocidos ,al comenzar un nuevo día o simplemente al salir a  la calle. Lugares donde muchas veces las cosas no son lo que parecen, donde  el viaje te lleva a vivir fascinantes momentos y a conocer increíbles realidades. Países  donde el aprendizaje se produce en cada momento y donde lo que allí acontece empieza a transformar parte del mundo. La exploración de esa vía hace que el viaje sea la mejor forma de aprendizaje, y que ante ello cualquier Master se quede obsoleto  y hable de simples teorías. Y es que uno no para de aprender diariamente ante la fascinante aventura que es sentirse aprendiz y  viajero en esa China que ha despertado tras siglos de oscuridad.

Y al escuchar hablar de China a Zigor pensaba en muchas cosas, y sobre todo recordé mi viaje. La leyenda de los grandes viajes y exploraciones  hizo que muchos grandes viajeros como Matteo Ricci o Marco Polo pusieran  hace muchos  siglos en contacto a Occidente con  la lejana China. Tiempos aquellos en los que no se hablaba de globalización y en los que esta parte del mundo oriental  era la  cuna de inventos, del desarrollo y de parte de la ciencia. Ahora vuelve a rugir con fuerza el dragón que estuvo dormido durante muchos siglos. Es famosa y totalmente de actualidad aquella cita de Napoleón diciendo “ Cuando China despierte el mundo temblará”. Y ahora estamos en esa época, un tiempo en la que China ya regula parte de la economía mundial y en donde incluso  aparece como  destino turístico de masas , en algunos casos ya es hasta el  lugar elegido por muchas parejas occidentales en sus lunas de miel.

Y durante la charla empecé a recordar aquel inolvidable viaje, la llegada a Nanning tras un viaje de muchas horas desde Hanoi, la primera impresión que me supuso ser el único occidental esos días y sentirme constantemente observado. Maravillarme ante los paisajes espectaculares del río Li , Dehang, Longsheng o los parques naturales de Zhangjiajie y Wuyishan. Disfrutar el caos de las ciudades de provincias que se mezclaban con la paz de ciertas aldeas, unas realidades de  vida en China que poco se asemejan a la que iba a ver y vivir en las grandes megalópolis como son Guangzhou, Shanghai, Wuhan, Beijing, Hangzhou, Fuzhou  o Suzhou . La paz y la tranquilidad que se respiraba en algunos rincones del interior chocaban de lleno con el  desarrollo espectacular de la nueva China, esa que es parte importante de la fábrica del mundo  y que al igual que abre noticiarios  económicos cierra fábricas en Ocidente. Son esos cambios los que  afectan  ya de primera mano a los balances de nuestras empresas y a las colas de las oficinas de empleo.

Me veo como viajero, pero también como un  curioso  ingeniero ávido por aprender  que observa y  descubre de primera mano muchas realidades  de eso llamado globalización. Camino desorientado por calles y me siento observado muchas veces por cientos de ojos que ven  pasar a un extraño con mochila  venido desde la otra punta del planeta . Voy en buses urbanos y en trenes provinciales y soy un extraño venido de lejos  , soy ayudado en estaciones por jóvenes estudiantes universitarios con ganas enormes de conocer historias venidas de otros mundos. Y es quizás a partir de ellos donde veo el cambio, en su innata pasión por aprender y progresar. Siento en esas mentes y almas inquietas el futuro que empieza a cambiarse ya en el presente actual, es esa juventud con ganas de comerse el mundo la que de verdad va a cambiar las cosas. Es quizá un nuevo ciclo mundial en el que la sociedad occidental se ha visto invadida por una apatía y conformismo generalizado que ha llegado a colapsar muchas cosas de su propio sistema.

Saboreo algunos de los manjares de la comida local mientras en la calle puedo ver ese extremo consumismo de  una sociedad que nos dicen que se llama comunista. Pero a las primeras de cambio y a poco que  uno  observa ve que  como en todo el planeta es el dinero lo que abre la puerta de cualquier lugar. Duermo unas veces en humildes hoteles y otras en  hostales para viajeros. Y lo que siempre  veo es  a los nuevos ricos chinos derrochar el dinero en tiendas de lujo y como mucha clase media  disfruta tomando hamburguesas en  los McDonalds y Kentuckys Fried Chicken que inundan las ciudades. Algunos (cada vez más ) ciudadanos  con cierto  poder adquisitivo van de  cools y hacen colas para tomar  cafés en los nuevos Starbucks y helados en los Haagen Dazs. Precios que en algunos casos se equiparan a lo que me gasto  en las tres comidas del día acudiendo a restaurantes populares.

Y ahora empiezo a recordar entre libros que se suceden, entre semanas que pasan sin cesar, entre posts que voy escribiendo. Voy poco a poco  volviendo a aquellos amaneceres rodeados de bullicio, a aquellos almuerzos indicados por gestos, a las sonrisas de los niños, a las muestras de cariño de los abuelos al verme perdido cruzando la calle. Es ahora cuando despierto de mi letargo y  empiezo a recordar aquellos hostales creativos o los hoteles insulsos a los que llegaba tras maratonianos viajes en trenes. Era ayer cuando saboreaba aquellas extrañas sopas antes de ir a estaciones de tren orwellianas , parece que no ha pasado mucho desde que me fascinaba por la aventura que significa viajar en China  y por el maravilloso encuentro con  aquellos desconocidos que al poco tiempo se convierten en amigos.

Una mochila cargada de sueños y de ganas de aprender que atraviesa parte de la nueva China y que me lleva a conocer de primera mano las nuevas realidades que ocurren en el gigante asiático. Un país fascinante y contradictorio que no deja indiferente al viajero, y que entre el caos ofrece a uno la capacidad de asombrarse ante el futuro que viene. Y todo ello admirando a un pasado en el que exploradores como Ricci y Polo honraban a  unas  nobles y eternas  palabras como son el  viajar y aprender

Hoy la cita es:

“Los viajes son en la juventud una parte de la educación, y en la vejez una parte de la experiencia” Sir Francis Bacon

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