Miradas de un viajero en China

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La semana pasada estuve en la conferencia de Zigor Aldama en Bilbao, la temática era clara: ” Que vienen los chinos”. Ante un auditorio lleno a rebosar el genial reportero vasco mostraba sus fotos y reflexiones sobre el gigante asiático. Lo primero que me sorprendió en el lugar fue la  presencia   generalizada de gente mayor de 50 años y la ausencia total de estudiantes universitarios. Un choque generacional curioso e interesante que me hizo pensar si  con la que está cayendo en España  puede ser normal eso de que aparentemente sea la gente mayor los que  están más interesada en China. Algo curioso y digno de mencionar  la ausencia de universitarios y jóvenes profesionales menores de cuarenta años. Curioso en una región,  la vasca,  con diversas Universidades ( tanto públicas como privadas) y que cuenta con múltiples organismos que no paran de hablar constantemente de términos  como innovación, internacionalización o  emprender.

Una ciudad Bilbao, donde en los 16 meses que llevo viviendo  florecen como setas  eventos de emprendedores e  innovación pero donde apenas hay actos relacionados con la globalización, con países lejanos, con viajes y  la aventura o simplemente con el conocer realidades de otras partes del mundo. Por ello , el acto de la charla sobre China me pareció algo diferente y me agradó sobremanera el  poder estar escuchando a un gran reportero y viajero como Zigor. Allí estaban entre otros algunos amigos, como  el bueno de Iñaki , o la pareja viajera de Maribel y Roberto.

Por mi mente empecé a recordar mis  meses de vagabundeo por China durante la vuelta al mundo y durante el Transiberiano. Pensé que ya iba siendo hora de volver a escribir sobre todas aquellas experiencias y aventuras de tan  especial e inolvidable viaje. Cientos de anécdotas, de encuentros y desencuentros que me ocurrieron  al conocer partes de uno de los países más fascinantes y contradictorios de todos en los que he estado. Un país que con sus grandezas y miserías se está convirtiendo en pieza fundamental del nuevo tablero económico y militar de este  siglo  XXI en el  que nos encontramos. La charla fue genial y magistral por parte de Zigor, su conocimiento de la realidad asiática como viajero y profesional le llevo a mostrar la diversidad y la vida en China, y todo ello amenizado  por decenas de fotos que acompañaban su charla.

En esos momentos me acordé del libro que tenía en la mochila, un “Hotel Nómada” que estaba leyendo y del que acababa de subrayar algunas frases como  : “Dedicado a los viajeros, a quienes entienden el viaje no como una huida sino como un modo de conocerse a sí mismos; a quienes creen que al viajar se aprende. El destino, o los recursos que cada uno tiene para alcanzarlo, no es lo importante; lo que cuenta es la disposición, la mirada de aproximación al otro, al mundo que está fuera de nosotros”.

Sin duda que aquellas fotos y lo que oía en esos momentos se juntaba con los recuerdos y me hizo volar en el tiempo. Me teletransportaba a la lejana China y a recordar  vivencias allí acontecidas y que permanecen inmortalizadas con  cientos de fotos y con  las Moleskine apiladas en mi habitación . Y es entonces cuando  pienso y veo en un instante todas aquellas experiencias, los encuentros y el aprendizaje de aquellos meses. De repente veo de nuevo que aún me quedan muchas historias y realidades de aquel viaje que cambió parte de lo que soy . Sin duda que los meses en Asia me marcaron como pocas cosas lo han hecho a lo largo de  la vida. La calidad del aprendizaje social, personal y profesional de viajar por los gigantes India y China es algo que llevo muy dentro. Esa  CHINDIA que agrupa a los dos gigantes asiáticos  y que  supone ya  un cambio enorme en la forma en la que viven no solamente ellos, sino que afecta ya de primera mano a la sociedad occidental, a nuestros empleos ,  a nuestras economías y sobre todo al futuro que viene.

Y sin duda dos países llenos de rica Historia y que fascinan al viajero venido del mundo occidental. Son lugares donde la aventura se inicia muchas veces de la forma más inesperada al encontrarte con desconocidos ,al comenzar un nuevo día o simplemente al salir a  la calle. Lugares donde muchas veces las cosas no son lo que parecen, donde  el viaje te lleva a vivir fascinantes momentos y a conocer increíbles realidades. Países  donde el aprendizaje se produce en cada momento y donde lo que allí acontece empieza a transformar parte del mundo. La exploración de esa vía hace que el viaje sea la mejor forma de aprendizaje, y que ante ello cualquier Master se quede obsoleto  y hable de simples teorías. Y es que uno no para de aprender diariamente ante la fascinante aventura que es sentirse aprendiz y  viajero en esa China que ha despertado tras siglos de oscuridad.

Y al escuchar hablar de China a Zigor pensaba en muchas cosas, y sobre todo recordé mi viaje. La leyenda de los grandes viajes y exploraciones  hizo que muchos grandes viajeros como Matteo Ricci o Marco Polo pusieran  hace muchos  siglos en contacto a Occidente con  la lejana China. Tiempos aquellos en los que no se hablaba de globalización y en los que esta parte del mundo oriental  era la  cuna de inventos, del desarrollo y de parte de la ciencia. Ahora vuelve a rugir con fuerza el dragón que estuvo dormido durante muchos siglos. Es famosa y totalmente de actualidad aquella cita de Napoleón diciendo “ Cuando China despierte el mundo temblará”. Y ahora estamos en esa época, un tiempo en la que China ya regula parte de la economía mundial y en donde incluso  aparece como  destino turístico de masas , en algunos casos ya es hasta el  lugar elegido por muchas parejas occidentales en sus lunas de miel.

Y durante la charla empecé a recordar aquel inolvidable viaje, la llegada a Nanning tras un viaje de muchas horas desde Hanoi, la primera impresión que me supuso ser el único occidental esos días y sentirme constantemente observado. Maravillarme ante los paisajes espectaculares del río Li , Dehang, Longsheng o los parques naturales de Zhangjiajie y Wuyishan. Disfrutar el caos de las ciudades de provincias que se mezclaban con la paz de ciertas aldeas, unas realidades de  vida en China que poco se asemejan a la que iba a ver y vivir en las grandes megalópolis como son Guangzhou, Shanghai, Wuhan, Beijing, Hangzhou, Fuzhou  o Suzhou . La paz y la tranquilidad que se respiraba en algunos rincones del interior chocaban de lleno con el  desarrollo espectacular de la nueva China, esa que es parte importante de la fábrica del mundo  y que al igual que abre noticiarios  económicos cierra fábricas en Ocidente. Son esos cambios los que  afectan  ya de primera mano a los balances de nuestras empresas y a las colas de las oficinas de empleo.

Me veo como viajero, pero también como un  curioso  ingeniero ávido por aprender  que observa y  descubre de primera mano muchas realidades  de eso llamado globalización. Camino desorientado por calles y me siento observado muchas veces por cientos de ojos que ven  pasar a un extraño con mochila  venido desde la otra punta del planeta . Voy en buses urbanos y en trenes provinciales y soy un extraño venido de lejos  , soy ayudado en estaciones por jóvenes estudiantes universitarios con ganas enormes de conocer historias venidas de otros mundos. Y es quizás a partir de ellos donde veo el cambio, en su innata pasión por aprender y progresar. Siento en esas mentes y almas inquietas el futuro que empieza a cambiarse ya en el presente actual, es esa juventud con ganas de comerse el mundo la que de verdad va a cambiar las cosas. Es quizá un nuevo ciclo mundial en el que la sociedad occidental se ha visto invadida por una apatía y conformismo generalizado que ha llegado a colapsar muchas cosas de su propio sistema.

Saboreo algunos de los manjares de la comida local mientras en la calle puedo ver ese extremo consumismo de  una sociedad que nos dicen que se llama comunista. Pero a las primeras de cambio y a poco que  uno  observa ve que  como en todo el planeta es el dinero lo que abre la puerta de cualquier lugar. Duermo unas veces en humildes hoteles y otras en  hostales para viajeros. Y lo que siempre  veo es  a los nuevos ricos chinos derrochar el dinero en tiendas de lujo y como mucha clase media  disfruta tomando hamburguesas en  los McDonalds y Kentuckys Fried Chicken que inundan las ciudades. Algunos (cada vez más ) ciudadanos  con cierto  poder adquisitivo van de  cools y hacen colas para tomar  cafés en los nuevos Starbucks y helados en los Haagen Dazs. Precios que en algunos casos se equiparan a lo que me gasto  en las tres comidas del día acudiendo a restaurantes populares.

Y ahora empiezo a recordar entre libros que se suceden, entre semanas que pasan sin cesar, entre posts que voy escribiendo. Voy poco a poco  volviendo a aquellos amaneceres rodeados de bullicio, a aquellos almuerzos indicados por gestos, a las sonrisas de los niños, a las muestras de cariño de los abuelos al verme perdido cruzando la calle. Es ahora cuando despierto de mi letargo y  empiezo a recordar aquellos hostales creativos o los hoteles insulsos a los que llegaba tras maratonianos viajes en trenes. Era ayer cuando saboreaba aquellas extrañas sopas antes de ir a estaciones de tren orwellianas , parece que no ha pasado mucho desde que me fascinaba por la aventura que significa viajar en China  y por el maravilloso encuentro con  aquellos desconocidos que al poco tiempo se convierten en amigos.

Una mochila cargada de sueños y de ganas de aprender que atraviesa parte de la nueva China y que me lleva a conocer de primera mano las nuevas realidades que ocurren en el gigante asiático. Un país fascinante y contradictorio que no deja indiferente al viajero, y que entre el caos ofrece a uno la capacidad de asombrarse ante el futuro que viene. Y todo ello admirando a un pasado en el que exploradores como Ricci y Polo honraban a  unas  nobles y eternas  palabras como son el  viajar y aprender

Hoy la cita es:

“Los viajes son en la juventud una parte de la educación, y en la vejez una parte de la experiencia” Sir Francis Bacon

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Prólogo de Crónicas Asiáticas: La Mirada del Club de los Faltos de Cariño

Nota: La Mirada del Club de los Faltos de Cariño es el prólogo  que hice hace varios meses  para  ” Crónicas Asiáticas” . Es el libro personal ( en pdf) de las  historias , vivencias, reflexiones  y aventuras que el viajero Iñigo Urrutia realizó durante doce meses viajando por Asia. El nombre ” La Mirada del Club de los Faltos de Cariño es un guiño al Maestro Manuel Leguineche , a su humanismo y a sus experiencias como viajero y escritor.

La mirada del club de los faltos de cariño

A continuación escribo estas palabras introductorias a modo de prólogo para aquellas personas que vayan a leer las experiencias y reflexiones de mi amigo Iñigo en su devenir por Asia .La casualidad y el destino hizo que nos encontráramos en Laos, desde el primer momento que nos cruzamos no sentí que estaba ante un extraño, sino que tenía ante mí a un nuevo amigo y a una persona que proyectaba en sus ojos, sonrisa y corazón algunos de los mismos sueños y anhelos infantiles que yo tengo.

Veía a una persona que al igual que yo mismo estaba viviendo su sueño personal de viajar durante muchos meses sin la prisa del reloj o de un billete con fecha de regreso. Ante mí estaba una persona que con la inocencia de su mirada transmite su innata curiosidad por conocer a otros seres humanos, por llegar a nuevas tierras, por ver, sentir y vivir lo que el Mundo nos ofrece en todo su esplendor.

Viajar es un verbo que no conoce la monotonía y que nos lleva a conocer parte de quiénes realmente somos. Asia es el lugar donde acontecen estas crónicas, un fascinante continente lleno de diversidad, de antiguas y fascinantes culturas, donde un crisol de colores, aromas y sabores se conjugan muchas veces en medio del caos. Un sin fin de lugares fascinantes que van ligados e inseparables a seres humanos que con una sonrisa y una alegría innata siguen fascinando y dando muchas lecciones al Viajero Occidental. Sin duda Asia es un conjunto de tierras que fascinan a todos aquellos que soñamos con pasar y vivir páginas de la Aventura y de la VIDA, en ese universo de países y leyendas transcurren las páginas que siguen a continuación.

Durante un viaje de tantos meses se dan muchas situaciones para pensar y dudar de lo aprendido. Se tienen muchos motivos para contrastar y cuestionar una realidad que nos cuentan en un mundo teórico y anclado en un tiempo que no avanza o que va teledirigido en una dirección que nosotros no controlamos. Creo que hay que tener la capacidad de atreverse a mirar con los ojos de niño ese mundo que a partir de cierta edad te obligan a mirarlo con unos ojos sin inocencia. Hay que  querer seguir viendo la vida con los colores del arco iris y dejar de lado el color gris que nos impone un sistema demasiado interesado en vernos como consumidores y no como soñadores.

La belleza del viaje es que un sin fin de emociones, sensaciones y experiencias vitales se conjugan en sintonía cuando las palabras IR y VIAJAR se acoplan a ti mismo y cuando tus pertenencias se reducen a una mochila cargada de sueños.

Tras un viaje como el que Iñigo ha terminado, físicamente eres la misma persona, pero en el fondo e interior de ti mismo han cambiado muchas cosas. Debido a todo lo visto, sentido, conocido y vivido, es imposible volver a ver muchas cosas desde el mismo punto de vista que antes de partir. Cuando uno se enfrenta a un viaje de estas características sabe o intuye que en su interior algo va a cambiar, aunque muchas veces desconozcamos que va a ser. No obstante ese enriquecimiento vital solamente puede obtenerse cuando el tiempo y la posesión pasan a no tener importancia y simplemente uno se deja llevar por la magia del camino y la aventura.

Sin duda la palabra Viaje va unida a muchas cosas, una es obviamente el ver nuevos lugares, pero para muchos es una parte fundamental de la Vida, un conjunto de experiencias que ayudan en el desarrollo personal y educativo de la persona, situaciones que ayudan a madurar, a aprender de diferentes realidades, sociedades, culturas y personas. Al ver diferentes mundos se produce una transformación vital y se experimentan sensaciones que sólo pueden producirse cuando haces, vives y ves. A ello se añaden unas nuevas percepciones del código de valores personal, al ir viajando se empieza a valorar todo lo que uno tiene y que en el día a día no se valora. Cosas tan obvias como una ducha caliente, agua potable, un sistema sanitario, una biblioteca pública ,una educación gratuita o una familia unida, adquieren la verdadera dimensión que tienen cuando se ven las duras realidades en latitudes menos favorecidas.

Muchas de las lecciones aprendidas en los libros se convierten en simples teorías, los parámetros de conducta establecidos anteriormente se ven replanteados ante unas realidades totalmente nuevas, muchos de los tópicos se convierten en dudas y empiezan a cuestionarse realidades dadas por absolutas en nuestros países de origen.

Los viajes siempre han estado ahí, forman parte de la esencia del ser humano, son parte básica y fundamental de la historia antropológica, cultural, social e intelectual de la humanidad. Están presentes en todas las culturas, y gracias a ellos el ser humano ha progresado, crecido, conocido nuevos territorios, nuevos cultivos, costumbres, culturas, sabores. Gracias a los viajes el ser humano  amplió sus miras y gracias a ello sus destrezas intelectuales y sociales se vieron multiplicadas.

Creo que la mirada del viajero adulto puede ir ligada de forma inseparable a la curiosidad e inocencia de un niño con su capacidad innata de asombrarse ante lo desconocido. Y todo ello con la ética de aquellos que sienten una devoción natural, franca y sincera por los desposeídos , por las gentes que forman el club de los faltos de cariño. Los que para muchos son parías, para Iñigo son la materia prima del mundo, de sus viajes y quizás de su propia vida. Son esas historias olvidadas y anónimas las que forman la base de la que se componen muchas de las experiencias vitales del singular viajero vitoriano.

De ciudades inmensas a míseras aldeas, de altas cumbres al fondo de los mares, de la sonrisa de un niño a la sabiduría de un abuelo. Las maravillas de las que hablaba Marco Polo van conformando parte de la vida y experiencias del libro de aventuras que sigue a continuación y que nos lleva a soñar con un mundo mágico y fascinante.

En las páginas que tienes ante ti hay historias inolvidables y todo un universo de colores, de sensaciones, emociones y contradicciones que enamoran y que lleva la huella de los viajeros humanistas, aquellos que priorizan las personas a los monumentos y lugares. Se pasa de llorar ante la miseria absoluta a sonreír ante la fascinante belleza y todo ello disfrutando de la magia de los encuentros inesperados que aparecen en los caminos a aquellos que tienen una llama en sus corazones que les lleva a decidir partir.

Deseo a todos que disfruten tanto como yo he hecho con las historias de estas Crónicas Asiáticas, en ellas se plasman de primera mano la lecciones del Maestro Manu Leguineche, con aquello de que ¨Lo importante no son los paisajes, sino los paisanajes “ y de que ” lo importante no es el destino, sino simplemente IR “. Con todo mi cariño y corazón, gracias amigo “Coco”, por ser parte de mí Viaje y de mí Vida. Te deseo una larga Vida de Viajes, Aventuras y Sueños en ese lugar que  tan bien conoces llamado LIBERTAD.

Te quiere, tu amigo

Iván

 

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Cuando la piedra de toque son los viajes

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Hace unas semanas pude estar en Málaga en el Travel Bloggers meeting, evento donde se acoplaban los viajes y los blogs. Como siempre  fueron grandes momentos con algunos de los mejores bloggers de viajes del país, en esos encuentros como suele ser habitual aparecieron nuevas amistades, vidas y proyectos muy interesantes. Uno de ellos fue sin duda Iñaki Makazaga, viajero, periodista, humanista y sobre todo un gran tipo.

Iñaki entre otras cosas lleva un programa en Onda Vasca, el nombre es un sugerente  Piedra de toque. Como viajero y  aprendiz eterno  miro a Iñaki con el cariño de un amigo y el aprecio a otro viajero del que aprender muchas cosas. Cuando le pregunté ¿ Qué es una piedra de toque? la respuesta del viajero y periodista vasco fue  acerca de esa semilla y esa pasión que te lleva a ponerte la mochila y a salir al mundo. Supongo que en mi caso esa piedra de toque es una innata curiosidad por conocer y unas inmensas ganas de aprender y de conocer al mundo, sus gentes, sus culturas y en definitiva poder llegar así a conocer más cosas de mi mismo.

La semana pasada tuve el gusto de ser invitado por Iñaki a acudir a la radio para charlar un poco de mi viaje vuelta al mundo y del proyecto Trendtrotters así como del proyecto cultural y viajero  que coordino en leer y viajar. Pude tener el honor y privilegio de  hablar en el mismo programa que  Zigor Aldama, el gran corresponsal en Asia.

Os dejo el post que Iñaki me ha hecho en Piedra de toque y abajo el podcast en ivoox.

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En los campos de batalla de Flandes

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La semana pasada he estado por los países bajos, por motivos personales y profesionales me he acercado a Amsterdam y a Brujas. Pero no voy a hablar de la belleza  obvia y conocida  de estas dos grandes ciudades . En el post me voy a dejar llevar por el tiempo y quiero viajar por la Historia de un lugar no demasiado conocido para las masas de turistas que invaden las dos  ciudades anteriormente citadas. La verdad es que  no me sale demasiado escribir sobre  sitios tan masificados y donde los turistas invaden la mayor parte de las calles del centro de las ciudades.  Por alguna extraña razón cuando tengo a decenas de personas sacando fotos a mi alrededor no me siento demasiado a gusto, empiezo rápidamente a buscar otros espacios menos congestionados.

Aprovechando la visita a Brujas me acerqué a ver a mi amigo Joren, el destino de la beca Erasmus hizo que nos encontrasemos hace años en Portugal. Una amistad con este flamengo poliglota,  viajero trotamundos, lector compulsivo y apasionado por la Historia. El amigo Joren  es uno de esas imperecederas amistades gracias al  programa de intercambio de estudiantes universitarios Erasmus. Aquel año en Portugal y sucesivos viajes por Europa  nos llevo  a compartir diversos viajes y momentos . Ahora de nuevo nos reencontrábamos, y era en su tierra natal: Flandes.

Mi amigo Joren me tenía preparada una visita al infierno de la I Guerra Mundial. Su tierra flamenga siempre ha sido un lugar a medio camino entre Francia y Alemania, por ello ha sufrido a lo largo de la Historia innumerables conflictos, desde los tercios españoles, a Napoleón , pasando como no por los terribles años de las dos grandes guerras  mundiales que han asolado sus tierras durante los conflictos del pasado siglo.

Un ” road trip”  por la campiña flamenga para viajar a lo largo de la Historia y del horror de la guerra, un viaje a través de las terrorificas batallas e historias de la Primera Guerra Mundial. A lo largo de todo el día navegamos entre el pasado y el presente, a través de la batalla de Passchendaele, para luego pasar a la batalla de la colina 60.  A poco que uno cierre los ojos podía hacer un salto en el tiempo y ver a través de la Historia para encontrarse con el fuego cruzado. Allí, entre fantasmas veíamos a las tropas aliadas  luchar a brazo partido contra los alemanes.

Como suele ocurrir en las guerras,  la población civil sufre de primera mano las consecuencias y miserias de la guerra, a pocos metros  miles de jóvenes soldados  luchaban y perdían sus vidas en el frente. Con esos millones de vidas se iban todos  sus sueños, sus proyectos, sus amores, con el olor de la metralla y la pólvora se iba toda posibilidad de proyectar unas  vidas y un futuro. Destrucción, muerte y guerra, tres palabras que desgraciadamente van parejas a la Historia del ser humano.

Allí pudimos viajar en el tiempo , dejarnos ir y regresar al pasado. La guerra era lejana al atravesar lo que hoy en día son los campos llenos de granjas,  de vacas, de cultivos de cereales. Pero a lo lejos cuando cierras los ojos tu corazón se estremece, vuelve el sonido de disparos, resuenan  a lo lejos las explosiones, el putrefacto olor de la muerte  se mete por tus entrañas e intuyes  la demencial locura humana. Son los campos de Flandes, donde resuenan los ecos del pasado y de las batallas, y pese al cielo azul de hoy podemos escuchar  los relámpagos  y los disparos que  suenan en una mañana tenebrosa donde no para de llover.

El suelo se llena de cadáveres, puedo ver a miles de  jóvenes veinteañeros que con un último suspiro tratan de aferrarse con todas sus fuerzas  a una vida y a un futuro que se les va. En unos segundos entran en la paz eterna y ya no puden oir el ensordecedor ruido que hay a lo lejos. Es allí ,  tras una colina  donde el brillo cegador se acopla a decenas de explosiones que resuenan con un infernal estruendo. Nuestros tímpanos sufren lo que nuestros corazones intuyen: La vida , el valor, la muerte y la locura del ser humano conviven en este espacio de la Historia bélica que en el fondo no deja de ser desgraciadamente  un fiel reflejo de la condición humana .

Visitamos el Tyne Cot Cementery donde decenas de anglosajones honran a sus paisanos muertos en combate, el lugar impone, color blanco, césped cuidado y  lleno del recuerdo de miles de  soldados, muchos de ellos  sin nombre. Atrás hemos dejado el cementerio alemán,que difiere notablemente del anglosajón. El bando derrotado dispone de un cementerio más oscuro, humilde, más gris, está  apartado, y es obviamente menos glamuroso. Y es que para los alemanes tan sólo se les recuerda con una lápida para cada veinte soldados, de forma más austera e intima , es por ello que no recibe apenas la visita de nadie. El cementerio inglés ( y de soldados de la Commonwealth) recibe en cambio la visita de escuelas, de viajeros y de grupos de personas venidas desde muy lejos para conocer parte de la Historia reciente.

Los ingleses tienen la característica de que conservan como nadie su Historia y se produce eso de que los campos de batalla se convierten en auténticas  escuelas y museos de Historia al aire libre. Lugares donde conocer parte de lo que pasó y así mismo sirven como testimonio de la barbarie que no hay que repetir. Espacios para poder pensar en que la condición del ser humano siempre repite sus actos de crueldad, odio y sin razón.

Y es allí a lo largo de la campiña flamenga donde recuerdo y pienso en  esos miles de jóvenes que perdieron sus vidas y sus sueños en el campo de batalla de la I Guerra Mundial.  También pienso en sus familias, en las madres y padres que vieron a sus hijos perecer en los campos de batalla. Ypres está  rodeada de muerte y desolación en sus cementerios de guerra , pero de repente como si de un sueño se tratara me despierto y puedo ver un cielo azul y una bella ciudad que me dice que solamente ha sido un sueño y un viaje en el tiempo. A mi alrededor veo familias paseando, niños jugando y el aire puro de esta agradable ciudad de provincias. El pasado se ha ido y me encuentro disfrutando un bello domingo en medio de Flandes.

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Tashkent y el viaje en la máquina del tiempo

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La Union Soviética ocupaba una superficie colosal, algo así como  la  quinta parte de la masa terrestre, solamente con mirar un viejo  mapa impresiona. Un mundo bipolar que estuvo durante mucho tiempo rigiendo la vida en el Planeta Tierra. La antigua URSS  era una colosal masa terrestre que tuvo a  la hoz y el martillo  como símbolos , todo ello dentro de la bandera con un color obviamente  rojo. Mientras Jack Kerouac recorría Estados Unidos “on the road” apenas ningún extranjero podía viajar y mucho menos moverse con libertad por la URSS. Aunque siempre había excepciones contadas como fue la aventura de Dominique Lapierre que da lugar a un libro que estoy disfrutando ahora mismo : “Érase una vez la URSS”.

En mi caso ya pude sentir la inmensidad del antiguo territorio soviético a bordo del legendario tren Transiberiano. Este año lo hacía en avión, y el trayecto era  un vuelo de 6 horas desde la capital de una república báltica ( Riga)  a la capital de una república centro asiatica ( Tashkent). La antigua URSS y ese caos étnico, religioso y de pueblos tan dispares como fascinantes. En definitiva un viaje a uno de esos lugares con unas  formas de ver la vida tan diferentes a los  de la sociedad occidental.

De una Riga con aires centro europeos pasaba  a una Tashkent que navega en tierra de nadie a lomo entre el pasado, el islam reprimido, los recursos naturales y el caos. Ya hace veinte años desde que la URSS se hizo pedazos y  la independencia (!!) llegaba a estas repúblicas centro asiáticas que viven con identidades prefabricadas sobre fronteras artificiales. Todo ello con el transcurso de los años va  dando paso a un enorme  caos geopolítico, étnico, religioso y de identidades . Y  como no ,  a lomos de un estado de corrupción constante y donde en tu viaje uno mas uno no suelen ser nunca  dos. Y es que las matemáticas son ciencias exactas en muchos lugares pero aquí tienen unos factores que siempre alteran el resultado final.

El desconocimiento occidental por esta parte del mundo es algo evidente.  En los casos de las repúblicas centro asiáticas, sus capitales no suenan ni al ciudadano ni al turista ( o viajero) medio. Nombres como la citada  Tashkent, o Almaty y  Biskek, son  nombres que nunca  aparecen en las ofertas de vuelo de Internet,  tampoco lo hacen en   los letreros de las pocas agencias  de viaje que van quedando en nuestro mundo occidental. Hay en nuestra sociedad espacio para ofertas de un crucero por el Báltico con escala en San Petersburgo, también para  esos cada vez mas vistos  vuelos baratos a Beijing o Bangkok, pero de vuelos a Asia Central  nada de nada. Y es que muchos de los nombres de esta parte del mundo a veces parecen  fantasmas propios de unos pueblos tan lejanos como desconocidos.

Tashkent era la  extraña e inclasificable  ciudad que iba a ser mi puerta de entrada y de salida en este viaje. En pleno mes de agosto las temperaturas eran extremadamente altas, la barrera de los 40 grados se sobrepasaba diariamente, y parecía mas la puerta de entrada al infierno que un viaje de aventura. Una de las primeras impresiones que tuve es la de encontrarme como  dentro de un viaje en el tiempo. Empezaba a experimentar una mezcla extraña de sensaciones que interiormente  me decían que quizás no era la mejor época para realizar este viaje, pero como en  tantas otras ocasiones era  el destino quien se empeñaba en  citar el  momento.

El ambiente del hotel me llevaba a recordar otros tiempos, a imaginar aquella época de espionaje, de paranoia colectiva ante el miedo al  diferente, al partido, a la KGB y a  una burocracia instuticionalizada en cualquier lugar. Sobriedad, cuadros tristes, grandes pasillos, enormes salones que no parecían predispuestos para  alojar huéspedes o dar de comer a  comensales. Me  parecían espacios donde se pasaba lista a  regimientos de militares o burócratas cuadrados por el mismo patrón y dispuestos a decir SI  a todo lo que viniera desde la capa alta de  esas escalas pirámidales que tanto detesto .

Todo ello adornado con un viaje en el tiempo, un navegar desde el agosto de 2011 al cercano pasado donde con mando  tele dirigido y  mano firme se gobernaba. La base de operaciones estaba a miles de kilómetros  en una lejana Moscú que  con puño  de hierro vigilaba  cualquier parte del vasto  imperio. El ambiente del hotel era regulado por  el inseparable color del paso del tiempo y el  declive de un sistema que con cuentagotas acoge a unos viajeros interesados en explorar nuevas tierras y en buscar quizás algunas de las  piezas de un pasado que hizo grandiosa a estos enclaves de la Ruta de la Seda. Un alma que ya no existe, pero que se va persiguiendo en busca de uno mismo o de los sueños proyectados desde la mágica historia de un libro.

Tras dormir toda la mañana por el lógico cansancio de los diversos vuelos desde España me dispuse a salir y explorar levemente la ciudad. La plaza de Amir Timur  fue mi primer encuentro con la realidad  de la capital uzbeka, la primera imagen era la soledad de la calle y el encuentro directo con un  sofocante calor que marcaba la friolera de 45 grados. En esos momentos uno no sabe que hacer, volver a la habitación o ponerse a caminar con sufrimiento buscando las sombras. Pero bueno, tras sentirme fresco y totalmente  descansado creí que lo mejor era disponerme  a caminar y dejarme llevar durante  lo que quedaba de tarde. Tras ver las proporciones desmesuradas de la plaza, de las avenidas  y de  los cercanos edificios ( hay que ver como les gusta a los totalitarismos eso del gigantismo) me puse rumbo a lo que veía en la distancia: una avenida y posteriormente el metro .

En Uzbekistán no hay cajeros automáticos, hay que venir con provisiones de euros y/o dolares para acudir al mercado negro. Ya se sabe eso de que en dictaduras de izquierda o derecha hay que alejarse de los cambios oficiales que da el Estado ( o lo que queda del mismo ) para ir a mercados, taxistas o buscavidas que se ganan la vida con el cambio de las divisas extranjeras a  la moneda local . Uzbekistán es gobernado con mano de hierro por un tirano , el déspota en este país se llama Islom Karimov, y como tantos otros de la antigua Unión Soviética  daba  el salto del Partido Comunista al Partido único que obviamente dirige y preside con mano firme.

Y es en estas ciudades donde uno empieza a pensar en el gran hermano que todo lo vigila, con esas avenidas enormes e impersonales que te hacen imposible ver o intuir una dimensión humana de muchas cosas. Cada vez que vas a coger un metro te encuentras de lleno con una policía que te hace pensar que estas ante un estado policial burocratizado donde queda muy lejos todo lo que has visto antes en otros viajes. Bajar al metro es hacerlo a una máquina en el tiempo, la austeridad es evidente y uno observa que nada ha cambiado desde que se  fueron los rusos, la ausencia de cualquier tipo de  publicidad hace a uno pensar en un lugar grisáceo y triste .

Las vendedoras de fichas de metro arrastran esos rostros cansados y fatigados  de los que han visto el derrumbe del antes y el ayer, su desperanza ante el futuro incierto se proyecta ante la dureza del pasado y la angustia del presente. Los policías en cambio están atraídos por cualquiera que lleve una mochila, la demencia y miedo a todo lo que vaya oculto resulta una constante realidad aquí . Los policías se sorprenden ante la llegada de un extranjero y  me paran siempre para analizar mi pequeña mochila y el pasaporte. Sus caras de cansancio y de vivir una rutina constante hace que mi pasaporte les resulte una atración, siempre bromean con eso de ” Barça o Madrid” al descubrir que soy español. Eso del fútbol es algo  que siempre sirve para abrir una conversación, los sellos del pasaporte y de la visa son observados con  una curiosidad infantil que se aleja de los rigores de un burócrata uniformado.

Es domingo y cae la noche en esta bizarra ciudad de Asia Central que no me deja indiferente ante el shock que supone encontrarme de lleno con un sistema burocratizado con un gris triste y desgastado. Las avenidas están desiertas, no hay coches, algunas pocas  familias pasean por lo que curiosamente se llama Broadway , y es  a lo lejos donde resuena el chapoteo del agua ya que algunos jóvenes desafían al bochornoso calor mediante chapuzones en el rio. Me detengo y empiezo a pensar, estoy ante un nuevo viaje , pero esta vez parece una incógnita en el tiempo del que desconozco su salida. La mirada de hoy es la de aquella mujer que  con los ojos cerrados hace  de vendedora ambulante y que  abre un ojo ligeramente  sorprendida cuando paso a su lado. Anochece y debo irme a dormir, hoy no es día de hablar de las  miradas del  bazar,  tampoco de la torre de televisión reconvertida en atracción turística. Me voy al hotel impregnado por un olor a melancólico pasado que no se resigna a irse, no hay de momento ni rastro de ese pacifico e inspirador azul turquesa que se esconde en algunos rincones de esta parte del mundo . Me voy con ganas a dormir, noto de nuevo el cansancio  y por hoy  es suficiente en  esta ciudad que me va  a deparar no pocas sorpresas…

Hoy la cita es :

” Aquellos que como tu Corto Maltés saben vivir están a gusto hasta en el infierno” Hugo Pratt en las aventuras de Corto Maltés

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