De la burocracia al tren que llegaba al sueño de Samarkanda

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Hay nombres que directamente están ligados al viaje y a la aventura. La lista puede ser inabarcable y obviamente es algo que  dependerá de cada uno, pero lo que es bien cierto es que hay algunos lugares que sin duda están en la  mente y corazón de muchos viajeros . Entre ellos,  hay uno  que evoca a una forma de viajar antigua, cosmopolita y multicultural, se trata de Samarkanda y hace muchos siglos fue uno de los núcleos del saber,  del comercio y de la unión entre Oriente y Occidente. Y ahí está la vieja Samarkanda resistiendo el paso del tiempo y esperando al viajero, hoy en día poco queda de la sabia ciudad que albergaba a aventureros , comerciantes y a las caravanas de la legendaria  Ruta de la Seda .Pero a pesar del devenir del tiempo uno no puede dejar de soñar con pisar una ciudad con tan rico pasado. Y hoy en día esa ciudad  está anclada en un presente contradictorio dentro del enclave  convulso que es ese país llamado Uzbekistán.

Pero antes de llegar a la legendaria Samarkanda tuve que arreglar mi último día en Tashkent con una de las cosas que realmente odio y se me dan mal: la maldita  burocracia. En España me fue imposible hacer la visa de Kyrguistán al no disponer de embajada y estar sin tiempo para enviarla a capitales como París o Berlín. Así que todo pasaba por Tashkent, era en  la capital uzbeka el único lugar posible para poder hacer la visa kirgiza. Llegar a la propia embajada se convirtió en un acertijo de callejuelas distribuidas entre perpendiculares y paralelas que  se cruzaban con pocas ( o ningunas)  indicaciones. A todo ello se le suma la imposibilidad para hacerse entender en inglés  o enseñando un mapa , y es  que en estos países  nadie sabe donde está nada. Con algo ( mucho) de paciencia y un poco de suerte logramos llegar a la embajada kirguiza. Pero aunque yo estaba fisicamente en Tashkent , mi mente y corazón ya estaban con los sueños de esas fotos y lugares legendarios y fascinantes que había visto de la mítica Samarkanda.

Allí , delante de la embajada ya estaba esperando un viajero suizo en bicicleta ,  a la primera  se veía  que estaba haciendo parte de la Ruta de la Seda. Tras llegar me ví desanimado al ver que debía esperar una semana para obtener el visado, pero luego pude ver y experimentar como  en esta parte del mundo las cosas funcionan de otra manera y uno mas uno no suelen ser nunca  dos ;)Estaba ante unas pruebas de los burócratas y de un  sistema arcaico para poder alcanzar uno de mis sueños dorados como viajero: llegar a la legendaria  Samarkanda.

Tras las esperas de rigor y ver como llegaban nuevos viajeros  el policía de la puerta  tomó notas de nuestros nombres y nacionalidades. Al igual que con los policías del metro , se abrió de nuevo la conversación con el obligado tema  futbolero del   Barça -Madrid y el éxito de la selección española como campeona del mundo en Sudáfrica. Con una noble y cercana sonrisa  me dijo  que  era del Madrid pero  que su compañero era del Barça, y fue así como  suavizado por el fútbol  me indicó que   era mi turno y que podía pasar.

Tras una puerta hermética gris entraba en uno de esos sitios que huelen a burocracia por los cuatro costados. En una minúscula entrada me recibía una mujer que me indicaba con señas que debía pasar a la estancia contigua donde estaba ” El jefe que cortaba el bacalao”. Y tras pasar una nueva puerta  me encontraba con un nuevo burócrata, tenía delante a uno de esos personajes que pueden  trabajar tanto en una embajada como  ser el contrabandista de turno, o quizás las dos cosas al mismo tiempo ;) .

Fue allí donde pude entender como aquí las cosas nada tienen que ver con las reglas  del mundo occidental , rellenaba unos papeles, entregaba la  foto y me entero que no debo dejar el pasaporte. Me sorprende gratamente eso de que aquí se podía recoger la pegatina de la visa dentro de una semana con lo que me alegraba eso de poder mantener  el pasaporte . Veía que solamente me quedaba una última prueba para acabar tanto papeleo de visas : pagar en dólares el precio de la visa kirguiza. Pero claro, estaba ante un ligero problema ya que no tenía dólares, solamente disponía de  euros, y curiosamente el banco donde debía hacer el ingreso no cambiaba de euros a los billetes del Tio Sam. No solamente me dicen eso,  sino que un policía con cara de pocos amigos me dice que en cinco minutos cierran por espacio de  dos horas,  que era tiempo de irse a  comer y que me vaya de una puñetera vez.

A veces en estos países uno se pregunta donde está la cámara oculta que regula todo el caos reinante. Uno piensa que hay algo que funciona de forma diferente, y es que eso de acudir a un banco y no poder sacar dólares ni poder cambiar euros a dólares me forzaba  a pensar las posibles opciones si quería arreglar en el mismo día todo . 1) Ir al hotel y cambiar allí 2) Ir al mercado negro a buscarme la vida. Solamente tenía unas cuatro horas ( que quitando las dos que el banco  estaba cerrado se quedaban en  dos) para hacer el pago en dólares y  entregar el puñetero papel con el sello en la embajada , así que me puse a pensar rápido.

La opción más cercana y lógica era volver al hotel, allí intentar sacar dólares con la tarjeta de crédito . Pero como iba siendo el día debían aparecer nuevos problemas, y era que la máquina del hotel no quería funcionar el día D y en la hora H que yo  necesitaba  pasar mi tarjeta y usar sus servicios :( . Con mucha calma tuve que esperar una hora viendo como pasaban sucesivamente ese trozo de plástico que debía alcanzar el climax con la conexión de la vetusta máquina. Finalmente , tras decenas de intentos fallidos  las señoras  lo seguían intentando, veían que estaban ante alguien  con cara de buen chico que necesitaba dólares a toda costa. Y fue así como tras una hora y tras aguantar estoicamente  con mucha  paciencia me dijeron que por fin daba señal y que me daban los dólares que inmediatamente  sacaron de una caja fuerte con dos cerraduras . Gracias a  esas  mujeres  pude llevar dinero en dólares relucientes al banco, allí tuve que seguir rellenando formularios ( jodida burocracia inútil de estos países con la herencia – tradición comunista) y atravesar varios despachos para poner sellos y obtener firmas de unas estructuras hiper jerarquizadas. Con el sello de turno de haber realizado el pago pude volver a la embajada kirguiza a entregar los documentos, y así pude desentenderme de la visa y preocuparme tan solo de viajar por Uzbekistán. 

Completamente extasiado de la enorme  burocracia y del papeleo,  solamente me quedaba relajarme y alegrarme de haber superado estas pruebas que se asemejaban a las que sufrió Asterix en sus doce pruebas . Ahora me quedaba sacar el billete de tren para ir con Claudia a Samarkanda. Antes de ir a la estación pude charlar brevemente  con un español que se encontraba en el hotel. Se trataba de un entrenador de fútbol sala que estaba de visita en la ciudad por motivos profesionales.

Ir a la estación de tren es hacerlo no solamente  con el peso de las mochilas, es también hacerlo  con un buen fajo de dinero encima  de tres clases : los Sum locales (de los que dudábamos  tener los suficientes para poder comprar los billetes de tren ), los dolares recién sacados y el fajo de Euros que habíamos traído de Europa. Antes de llegar a la estación debemos pasar de nuevo por el metro tenebroso ( pero curioso) de la ciudad, con las inspecciones constantes de los policías que no se aburren pasando las hojas del pasaporte ni abriendo nuestras mochilas.

Al llegar a la estación de trenes y pese a la presencia policial recibimos el acecho de varios buscavidas  que intentan sacar tajada de la necesidad de cambio . Nada mas entrar, tocan las obvias medidas de seguridad de las mochilas y las miradas serias de los militares. Las ventanillas para sacar  los billetes están a nuestra derecha y afortunadamente hay  poca gente. Hacemos cola en una de ellas  donde casualmente la chica que esta  comprando   habla español ya que trabaja como guía y traductora  para grupos de turistas de nuestro país. Lo  sorprendente  era ver como  estaba pagando ,  obviamente con dinero, pero era sacado a puñados, en enormes fajos de billetes salía desde  una enorme bolsa de basura negra. 

No me  quedaba otra que sonreír ante lo que veía delante, esos fajos de billetes saliendo de la bolsa negra de basura me mostraban unas situaciones rocambolescas de un simple acto de comprar y pagar unos  simples billetes de tren. Y es que  allí estaba todo el dinero que pagaba los veinte billetes de tren de un grupo de turistas españoles que vendrían en dos semanas a visitar Uzbekistán. Abrumados por tal cantidad de papel ( que no de dinero) bromeamos y la chica comienza a sonreír y ver la gracia de la situación,  a su vez  la cajera espera con cara de pocos amigos  mientras una maquina contabilizada la ingesta cantidad de billetes.

No se puede pagar los billetes de tren ni con tarjeta de crédito y en este caso tampoco en dólares. Estamos en un país donde  las leyes marcan unas realidades en función del lugar en cuestión. Por la mañana valen los dólares, ahora no, en una semana volverán a valer los dólares para comprar billetes de avión, en fin, paciencia , mucha paciencia. Así que le explicamos a la chica nuestra necesidad de comprar dos billetes con  destino  Samarkanda y ella nos ayuda pero nos dice que no tenemos suficiente moneda local. Por ello, Claudia acude al mercado negro de la zona a cambiar unos 30 euros que nos hacen falta para poder pagar los billetes. Allí estoy yo con una sudada de escándalo tras la ajetreada mañana en la embajada  y sentado con  las mochilas apoyadas en el suelo, una de esas imágenes repartidas por el mundo de los viajeros: las largas esperas en las estaciones.

Mientras estoy esperando cierro los ojos y recuerdo estaciones y  otros trenes legendarios como el Transiberiano del año pasado. Cuando los abro veo     rostros de muchas razas , desde los blancos  eslavos, a los uzbekos, kirguizos, mongoles, chinos. Es allí en una simple estación de tren donde puedo ver como convergen el crisol de razas de muchos de los pueblos de Asia Central y de lo que fue  la antigua Unión Soviética ,  de rubios que parecen suecos a los contrastes con otros  rasgos totalmente asiáticos.

Pasan los minutos y  empiezan a acercarse curiosos y una pareja intenta hablarme con cuatro palabras en inglés. Ya con Claudia de vuelta y  con el dinero uzbeko fresco ( gracias a la inestimable ayuda de la joven) logramos conseguir los billetes que nos van a llevar   a coger un tren dentro de dos horas con destino a  una de las ciudades emblemáticas de los viajeros: Samarkanda. Y es alli, en otra estacion  donde pasa rápidamente  el tiempo  de espera antes de ir  a un lugar largamente soñado.

En la espera quito el hambre con algo así como un Kebah , en algo así como  la cafetería de una estación. Durante todo ese tiempo bebo agua a mares, el calor es insoportable a estas horas de la tarde y puedo ver como  un termómetro marca los cuarenta grados. Es una tarde cualquiera de agosto, pero yo me encuentro en Asia Central y  a escasas horas de poder cumplir el sueño de  llegar a uno de esos lugares que desde hace muchísimos años me fascina.

Y es que  con tan solo oír el nombre de Samarkanda se me iluminan los ojos ante un lugar fundamental de la Historia y ante los enormes mitos de los viajes, la exploración y el comercio que  dieron prestigio y fama mundial a ese  lugar de leyenda.  Todas las penalidades y luchas con la jodida burocracia habrán merecido la pena por llegar a una ciudad fascinante como Samarkanda, un lugar  que aunque no es ni sombra de lo que fue, conserva en su alma y rincones ese mito viajero que hace que quieras llegar a estar allí.

No podía ser de otra forma que  llegando en tren, en ese medio de transporte tan legendario, romántico y bello que me fascina y en el que he vivido tan fascinantes momentos . En un tren que recuerda a los del Transiberiano nos embarcamos, son unas cinco horas  las que tenemos por delante , es allí entre un grupo de niños donde dejamos atrás la capital de Tashkent para ir en búsqueda de la leyenda de Samarkanda. Allí, en ese tren fluye la vida y la animación, entre niños, familias y el noble  afecto de las gentes humildes . Ese es nuestro camino a Samarkanda, el que va en raíles y en otro legendario viaje que llega a uno de las ciudades con las que siempre he soñado

Hoy la cita es: ” Los viajes enseñan la tolerancia” Benjamin Disraeli

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Taskent: Entre las avenidas del silencio y el verde turquesa de las cúpulas

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Tashkent y el viaje en la máquina del tiempo fue  el título del primer post que hice  sobre la capital uzbeka. Y es que esa extraña capital resulta curiosa en un país que forma un extraño caleidoscopio con sus  vecinos los  Tanes : Kirguistán, Kazakstán, Turkmenistán y Tayikistán. Países que nos suenan raros,  a veces a chiste, otras a desconocidos,  a corruptos, en definitiva a lugares tan alejados de la mano de Dios que resultan imposibles de colocar en el mapa para la mayoría de la población occidental.

Tras las primeras impresiones de la capital me dispuse a ir al Bazar de  Chorsu , sin duda una de las zonas recomendadas, tanto por su  arquitectura en mezquitas y madrassas    como  por ser un mercado-bazar que te lleva a intuir parte de lo que fue, es y sigue siendo esta parte del mundo. Siempre me ha fascinado el  visitar mercados,  es algo que intento hacer en cada país, eso me hace entender , oler , sentir y ver parte de la vida real del lugar. Me fascina eso de perderme entre el bullicio de la compra-venta, en este caso era además uno de los lugares señalados y recomendados para cambiar dinero, y es que en mi mente ya tenía una palabra rondando , era Change y el  One Euro= 3400 Sum.

El dinero lamentablemente no necesita de demasiado dominio de idioma, change y money funcionan como palabras internacionales que todo el mundo entiende. Y en el presente caso es la propia idosincrasia del lugar lo que obliga a ello. Estamos ante un país extremadamente  corrupto , burocrático y dirigido con mano de hierro por otro de esos dictadores que pasan del socialismo utópico a la crueldad de unos gobiernos centrados en la reverencia absoluta al líder.  Y con  todas esas variables se produce un caos que provoca en sus gentes   la imperiosa necesidad de tener divisas internacionales. De nuevo otra muestra de que el experimento comunista de la Unión Soviética era otro caso de consecuencias  imprevisibles cuando Moscú se alejara del control de sus repúblicas.

Salir a la calle y recibir una bofetada de aire caliente de 40 grados es algo que no me  agradaba en absoluto , pero era la realidad y  lo que me estaba encontrando estos primeros días en Tashkent.

Ya en la calle buscaba la M mayúscula de metro en los alrededores del hotel, y allí me dirigía, a atravesar la inmensa ciudad en su tétrico metro. Lo primero que me llamó la atención es ver a un policía  en la puerta de la salida-entrada del metro. Fue llegar y mandarme abrir la mochila y mostrar el pasaporte, con calma y cara de buen chico le mostré mis pertenencias para recibir un OK y las indicaciones de que podía bajar las escaleras. Bajaba los escalones y me encontraba con unos azulejos desgastados e insípidos que me hicieron  teletransportarme en el tiempo. Buscaba las palabras Kacca que me llevarían  a la ventanilla de los billetes, al encontrarla tuve la primera impresión  de viajar  a otra época, caras distantes y llenas de seriendad, vestimenta de hace muchas décadas, ausencia de publicidad en las paredes , en definitiva un viaje en el tiempo y  a otro mundo.

Pero de nuevo dos policías me paran y con porte serio se cuadran y me mandan abrir de nuevo la mochila y mostrar el pasaporte. Pienso para dentro  sobre   la lógica  de que me pidan hacer lo mismo dos veces  en los 15 escasos metros que separan la calle de donde me encuentro. Pero bueno , toca obedecer y callar, todo por no molestar  a la burocracia que tanto detesto.

Pienso que  tengo que ser muy paciente durante el viaje, saber donde me encuentro, y es que  así funcionan las cosas en la capital de Uzbekistán. Los uniformados disfrutan viendo los colores , las visas y el pasaporte español, pasan con delicadeza las hojas y de repente  uno de ellos me mira y me dice ¿ Barça -Madrid?. Yo, ajeno al fútbol  desde siempre le digo sin pensarlo demasiado: Madrid, but Barça very good team.  Y tras esa respuesta ambos  me lanzan una sonrisa futbolera en la que  puedo ver  que el fútbol es universal. En esas sonrisas hay algo que va a ser una de las constantes generalizas   que me van a acompañar durante las siguientes  semanas : los dientes de oro en sus  bocas que me recuerdan a los malos en las películas de James Bond. Con el apto de los dos amigos introduzo mi ficha-moneda en unas rústicas máquinas de metro y observo como la señora de la cabina me mira con una cara triste y desangelada que me estremece.

En esos momentos pienso en todos los cambios que esta pobre gente ha experimentado a lo largo de sus vidas, la dictadura comunista que negaba libertades al pueblo se ha convertido en otra dictadura corrupta que  tampoco permite  que el pueblo  pueda alcanzar cierta libertad  individual , de movimientos, de opinión, política  y de actos. Bienvenidos al caos geopolítico, estratégico, energético, económico, racial, étnico, religioso  y social de esta parte del mundo. Y es que empiezo a ser consicente de donde estoy . Lo cierto es que Asia Central queda a una distancia  mucho mayor que los miles de kilómetros que me separan de Europa , pero a pesar de todo ello, intento como siempre  adaptarme a velocidad de vértigo al entorno donde me encuentro.

Me bajo en la parada que me va a permitir ver lo que se denomina Old Town, el Chorsu bazar y unos alrededores que representan algo diferente y alejado de las insípidas avenidas del silencio que pude ver ayer en los alrededores del hotel. Cuando salgo del metro  me encuentro con un caos más propio de Asia que de la Rusia tradicional, y de nuevo estoy precisamente ante la ausencia de unos patrones occidentales , es ahí donde radica el funcionamiento y la supervivencia de la vida de miles de millones de seres humanos repartidos por el ancho mundo.

Baratijas, ropa de evidente origen chino, hogazas de pan, frutas, puestos de bebidas, lapiceros y cuadernos, todo ello se agolpa y está  en escasos metros. Allí de nuevo  encuentro como la vida fluye entre una variedad  de productos que se venden y me sorprende la increíble mezcla racial de la población local. Siento que recibo miradas de todo tipo, algunas abuelas me sonríen, los niños me señalan con el dedo y alguno se lanza y  me dice Hello, en cambio los hombres me asaltan con dos  únicas palabras que son  MONEY y  CHANGE.

Tras negociar con tres personas diferentes  busco el cambio que el amigo Sele me ha indicado : 3400 Sum por Euro. En la primera intentona y tras mucho negociar  no lo consigo y me quedo en 3300 por euro,  la diferencia en estos casos es irrisoria, así que decido cambiar 20 euros y veo como en ese instante  el hombre saca un fajo de billetes enorme y empieza a pasar y contar a una  velocidad fascinante, sus dedos pasan los billetes de una forma vertiginosa .

Me da un mazo de billetes, algunos nuevos, otros usados, quiere irse rápido del lugar,  se le nota impaciente y me dice Police Police. Pero le digo que  espere o no le doy el dinero que le corresponde, de repente me doy cuenta que mi forma de contar los billetes es opuesta a la suya, le parece obviamente  lenta  y extremadamente torpe. Pero es evidente y normal   la falta de práctica  que tengo en contar billetes ;) , eso y el no querer ser victima de un timo son los motivos que me hacen tardar un par de minutos. La cuenta final no me sale y le digo que faltan 500 Sum, me mira con mala cara y le digo : Money my friend. Tras poner el inevitable rostro de pocos amigos saca otros billetes y me los entrega , ya tengo dinero para un par de días y empiezo con la constante que va a ser eso de  acudir al mercado negro a cambiar moneda.

Con el dinero fresco  en la mochila camino entre los puestos de frutas  y especias, de forma insistente escucho  palabras que no entiendo pero que obviamente indican que quieren venderme productos ,  les digo a todos con la mirada que no y salgo del lugar. Tras recorrer las instalaciones y saborear el ambiente del  mercado en  Chorsu me voy a visitar algunas de las madrasas de la zona y los  alrededores.

En la de Kukeledass me maravillo ante la arquitectura de otra época que me lleva a viajar en el tiempo con la imaginación . Cierro los ojos y puedo ver caravanas de comerciantes, de aventureros y de gentes diversas venidas desde muy lejos. Me pregunto en ese instante si los buenos de Marco Polo o Ruy de Clavijo habrán estado en los alrededores de la zona en la que me encuentro. Unas mujeres me paran  y con una afable sonrisa me  preguntan en inglés la nacionalidad, esa actitud me hace ver que el Islam de esta parte del mundo es mucho más abierto que el que se profesa en los países de África y Oriente Próximo , lugares donde la mujer es relegada a un estado de opresión total . Tras sacar  unas fotos de rigor me dispongo a salir en dirección a Khast Imom, lugar donde todavía se conserva algo de lo que voy buscando: la leyenda de la Ruta de la Seda y un azul turquesa de las cúpulas es el color que define ese algo bello e  inclasificable de esta parte del mundo.

Llego tras quince minutos caminando bajo un sol abrasador que me lleva a beber agua como un descosido, bordeo una curva y me encuentro de repente con una mezcla espectacular de colores a lo lejos Es la mezcla hermosa entre el azul intenso del cielo y el mágico verde turquesa sobre las cúpulas lo que me hace maravillarme.

Es allí,  entre la mezquita, la madrasa y laa biblioteca donde llego a  un  Islam antiguo  y tan alejado de las avenidas soviéticas que me han acompañado durante  las escasas 24 horas que llevo en la ciudad. No encuentro apenas turistas y tras maravillarme ante la belleza de la arquitectura pienso que es hora de buscar una sombra. A lo lejos y bajo un árbol veo el lugar que busco, me siento y abro la mochila donde  sobresale   la Moleskine y un libro. En estos momentos necesito descansar, anotar reflexiones , leer un rato  y así dejarme llevar por unas palabras que hoy no se las lleva el viento, sino que navegan entre la intensidad de un calor abrasador que me resulta cada vez más sofocante e insoportable. Me siento y observo los bellos   alrededores que tengo delante ,  con la madrasa de Barak Khan, ,  la mezquita de Tilla-Sheikh y el mausoleo de Kaffal Shashi estoy ante un marco incomparable y fascinante que me hace sonreir de buena gana y a  decir Wow.

Decido volver y cojo un taxi que me llevará a la parada de metro más cercana que resulta estar a unos dos kilómetros. La comunicación con el taxista es inexistente y negocio el precio antes de entrar , me sirvo de los dedos de la mano para indicar la cantidad. Vuelvo al metro y se repite el mismo ritual de la mañana, mostrar  mochila y pasaporte en dos ocasiones a los polis y encontrarme con  las mismas miradas desangeladas de la mujer de la taquilla y  la otra en la cabina de la entrada. Las personas son diferentes, pero la apariencia y las miradas son las mismas y  denotan el común  estado del alma.

El hambre aprieta y me vuelvo al centro donde continúan  los problemas de la gastronomía local y que me van a acompañar por todo el país. Tras un par de horas estoy de nuevo  en marcha y decido que es tiempo de visitar otra de las pocas atracciones turísticas reseñables  de la ciudad: La torre de television de Tashkent. Para llegar al lugar camino durante una hora por la misma avenida, los coches circulan de forma desordenada y caótica, pero la escasez de vehículos( estamos en un  fin de semana de agosto) y la inmensidad de las avenidas hace que reine una aparente tranquilidad.

Camino y me voy encontrando con una fiel representación de la población local, grupos de amigos, parejas , ancianas , trabajadores,  niños. Todos ellos tienen el mismo acto reflejo y es que  en muchos casos al cruzarse conmigo me miran, parece ser que mis ropas y cara delatan unos orígenes lejanos de ese mundo occidental al que muchos siguen viendo como la tierra prometida. Quizá se preguntan sobre el motivo que me ha llevado a deambular por las calles de un lugar poco señalado como destino turístico para los occidentales.

En algunos de sus  rostros noto la impronta melancolía de un futuro incierto y de un pasado caótico y cambiante. En esos momentos pienso que  los niños  son los únicos que mantienen  una constante vital común a lo largo y ancho del mundo. Es en  su  inocencia, en la innata vitalidad que muestran   sus ganas de jugar y la  falta de preocupaciones lo que lleva a esa  actitud infantil  global   que se repite en todos los niños del mundo cuando tienen sus necesidades básicas cubiertas.

La torre de televisión me deja bastante indiferente,  pero desde su parte superior se tienen  unas espectaculares vistas de toda la ciudad. Subo en un vetusto ascensor con falta de  muchas manos de pintura  y al llegar al mirador  soy consicente de la enormidad de Tashkent. Da igual en la dirección que mires, no se observa el final de la ciudad, los árboles y las avenidas abundan entre tanto edificio hasta un final que se cruza con el lejano horizonte. Camino despacio y veo como me acompaña en la visita un par de familias bebiendo sendas Coca Cola, observan como yo la vasta ciudad, de repente una niña del grupo se lanza y   me dice  un tímido Hello  y un Where are you from? que hace reír a toda la familia y que me hace contestarle.

Tras volver a la calle decido  que ya  va siendo de volver al hotel, la noche se ve venir a lo lejos y ya  ha pasado un nuevo día en Tashkent y quiero descansar. Mañana  será un día duro pues me toca  pelear con la burocracia de la embajada Kirguiza para obtener su visado. Eso  no va  ser la única incidencia , pues se le va  a unir  la experiencia vital  de sacar el billete de tren a Samarkanda. De repente noto que hay algo extraño en el ambiente que me rodea, siento  que me invade un estado de melancolía que me hace pensar  en muchas cosas. Son quizás  esas avenidas del silencio las que me llevan a pensar en el futuro, en el viaje, en el amor, en la vida y en todo el camino que me ha llevado a estar en esta extraña capital. Y  es así , con un calor sofocante llega el atardecer a la ciudad, deambulo con rumbo fijo como un zombie atravesando  unas avenidas del silencio y siento un pasado superpuesto  ante un incierto futuro…..

Hoy la cita es : ” Los viajes enseñan en tolerancia” Benjamin Disraeli

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Miradas de un viajero en China

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La semana pasada estuve en la conferencia de Zigor Aldama en Bilbao, la temática era clara: ” Que vienen los chinos”. Ante un auditorio lleno a rebosar el genial reportero vasco mostraba sus fotos y reflexiones sobre el gigante asiático. Lo primero que me sorprendió en el lugar fue la  presencia   generalizada de gente mayor de 50 años y la ausencia total de estudiantes universitarios. Un choque generacional curioso e interesante que me hizo pensar si  con la que está cayendo en España  puede ser normal eso de que aparentemente sea la gente mayor los que  están más interesada en China. Algo curioso y digno de mencionar  la ausencia de universitarios y jóvenes profesionales menores de cuarenta años. Curioso en una región,  la vasca,  con diversas Universidades ( tanto públicas como privadas) y que cuenta con múltiples organismos que no paran de hablar constantemente de términos  como innovación, internacionalización o  emprender.

Una ciudad Bilbao, donde en los 16 meses que llevo viviendo  florecen como setas  eventos de emprendedores e  innovación pero donde apenas hay actos relacionados con la globalización, con países lejanos, con viajes y  la aventura o simplemente con el conocer realidades de otras partes del mundo. Por ello , el acto de la charla sobre China me pareció algo diferente y me agradó sobremanera el  poder estar escuchando a un gran reportero y viajero como Zigor. Allí estaban entre otros algunos amigos, como  el bueno de Iñaki , o la pareja viajera de Maribel y Roberto.

Por mi mente empecé a recordar mis  meses de vagabundeo por China durante la vuelta al mundo y durante el Transiberiano. Pensé que ya iba siendo hora de volver a escribir sobre todas aquellas experiencias y aventuras de tan  especial e inolvidable viaje. Cientos de anécdotas, de encuentros y desencuentros que me ocurrieron  al conocer partes de uno de los países más fascinantes y contradictorios de todos en los que he estado. Un país que con sus grandezas y miserías se está convirtiendo en pieza fundamental del nuevo tablero económico y militar de este  siglo  XXI en el  que nos encontramos. La charla fue genial y magistral por parte de Zigor, su conocimiento de la realidad asiática como viajero y profesional le llevo a mostrar la diversidad y la vida en China, y todo ello amenizado  por decenas de fotos que acompañaban su charla.

En esos momentos me acordé del libro que tenía en la mochila, un “Hotel Nómada” que estaba leyendo y del que acababa de subrayar algunas frases como  : “Dedicado a los viajeros, a quienes entienden el viaje no como una huida sino como un modo de conocerse a sí mismos; a quienes creen que al viajar se aprende. El destino, o los recursos que cada uno tiene para alcanzarlo, no es lo importante; lo que cuenta es la disposición, la mirada de aproximación al otro, al mundo que está fuera de nosotros”.

Sin duda que aquellas fotos y lo que oía en esos momentos se juntaba con los recuerdos y me hizo volar en el tiempo. Me teletransportaba a la lejana China y a recordar  vivencias allí acontecidas y que permanecen inmortalizadas con  cientos de fotos y con  las Moleskine apiladas en mi habitación . Y es entonces cuando  pienso y veo en un instante todas aquellas experiencias, los encuentros y el aprendizaje de aquellos meses. De repente veo de nuevo que aún me quedan muchas historias y realidades de aquel viaje que cambió parte de lo que soy . Sin duda que los meses en Asia me marcaron como pocas cosas lo han hecho a lo largo de  la vida. La calidad del aprendizaje social, personal y profesional de viajar por los gigantes India y China es algo que llevo muy dentro. Esa  CHINDIA que agrupa a los dos gigantes asiáticos  y que  supone ya  un cambio enorme en la forma en la que viven no solamente ellos, sino que afecta ya de primera mano a la sociedad occidental, a nuestros empleos ,  a nuestras economías y sobre todo al futuro que viene.

Y sin duda dos países llenos de rica Historia y que fascinan al viajero venido del mundo occidental. Son lugares donde la aventura se inicia muchas veces de la forma más inesperada al encontrarte con desconocidos ,al comenzar un nuevo día o simplemente al salir a  la calle. Lugares donde muchas veces las cosas no son lo que parecen, donde  el viaje te lleva a vivir fascinantes momentos y a conocer increíbles realidades. Países  donde el aprendizaje se produce en cada momento y donde lo que allí acontece empieza a transformar parte del mundo. La exploración de esa vía hace que el viaje sea la mejor forma de aprendizaje, y que ante ello cualquier Master se quede obsoleto  y hable de simples teorías. Y es que uno no para de aprender diariamente ante la fascinante aventura que es sentirse aprendiz y  viajero en esa China que ha despertado tras siglos de oscuridad.

Y al escuchar hablar de China a Zigor pensaba en muchas cosas, y sobre todo recordé mi viaje. La leyenda de los grandes viajes y exploraciones  hizo que muchos grandes viajeros como Matteo Ricci o Marco Polo pusieran  hace muchos  siglos en contacto a Occidente con  la lejana China. Tiempos aquellos en los que no se hablaba de globalización y en los que esta parte del mundo oriental  era la  cuna de inventos, del desarrollo y de parte de la ciencia. Ahora vuelve a rugir con fuerza el dragón que estuvo dormido durante muchos siglos. Es famosa y totalmente de actualidad aquella cita de Napoleón diciendo “ Cuando China despierte el mundo temblará”. Y ahora estamos en esa época, un tiempo en la que China ya regula parte de la economía mundial y en donde incluso  aparece como  destino turístico de masas , en algunos casos ya es hasta el  lugar elegido por muchas parejas occidentales en sus lunas de miel.

Y durante la charla empecé a recordar aquel inolvidable viaje, la llegada a Nanning tras un viaje de muchas horas desde Hanoi, la primera impresión que me supuso ser el único occidental esos días y sentirme constantemente observado. Maravillarme ante los paisajes espectaculares del río Li , Dehang, Longsheng o los parques naturales de Zhangjiajie y Wuyishan. Disfrutar el caos de las ciudades de provincias que se mezclaban con la paz de ciertas aldeas, unas realidades de  vida en China que poco se asemejan a la que iba a ver y vivir en las grandes megalópolis como son Guangzhou, Shanghai, Wuhan, Beijing, Hangzhou, Fuzhou  o Suzhou . La paz y la tranquilidad que se respiraba en algunos rincones del interior chocaban de lleno con el  desarrollo espectacular de la nueva China, esa que es parte importante de la fábrica del mundo  y que al igual que abre noticiarios  económicos cierra fábricas en Ocidente. Son esos cambios los que  afectan  ya de primera mano a los balances de nuestras empresas y a las colas de las oficinas de empleo.

Me veo como viajero, pero también como un  curioso  ingeniero ávido por aprender  que observa y  descubre de primera mano muchas realidades  de eso llamado globalización. Camino desorientado por calles y me siento observado muchas veces por cientos de ojos que ven  pasar a un extraño con mochila  venido desde la otra punta del planeta . Voy en buses urbanos y en trenes provinciales y soy un extraño venido de lejos  , soy ayudado en estaciones por jóvenes estudiantes universitarios con ganas enormes de conocer historias venidas de otros mundos. Y es quizás a partir de ellos donde veo el cambio, en su innata pasión por aprender y progresar. Siento en esas mentes y almas inquietas el futuro que empieza a cambiarse ya en el presente actual, es esa juventud con ganas de comerse el mundo la que de verdad va a cambiar las cosas. Es quizá un nuevo ciclo mundial en el que la sociedad occidental se ha visto invadida por una apatía y conformismo generalizado que ha llegado a colapsar muchas cosas de su propio sistema.

Saboreo algunos de los manjares de la comida local mientras en la calle puedo ver ese extremo consumismo de  una sociedad que nos dicen que se llama comunista. Pero a las primeras de cambio y a poco que  uno  observa ve que  como en todo el planeta es el dinero lo que abre la puerta de cualquier lugar. Duermo unas veces en humildes hoteles y otras en  hostales para viajeros. Y lo que siempre  veo es  a los nuevos ricos chinos derrochar el dinero en tiendas de lujo y como mucha clase media  disfruta tomando hamburguesas en  los McDonalds y Kentuckys Fried Chicken que inundan las ciudades. Algunos (cada vez más ) ciudadanos  con cierto  poder adquisitivo van de  cools y hacen colas para tomar  cafés en los nuevos Starbucks y helados en los Haagen Dazs. Precios que en algunos casos se equiparan a lo que me gasto  en las tres comidas del día acudiendo a restaurantes populares.

Y ahora empiezo a recordar entre libros que se suceden, entre semanas que pasan sin cesar, entre posts que voy escribiendo. Voy poco a poco  volviendo a aquellos amaneceres rodeados de bullicio, a aquellos almuerzos indicados por gestos, a las sonrisas de los niños, a las muestras de cariño de los abuelos al verme perdido cruzando la calle. Es ahora cuando despierto de mi letargo y  empiezo a recordar aquellos hostales creativos o los hoteles insulsos a los que llegaba tras maratonianos viajes en trenes. Era ayer cuando saboreaba aquellas extrañas sopas antes de ir a estaciones de tren orwellianas , parece que no ha pasado mucho desde que me fascinaba por la aventura que significa viajar en China  y por el maravilloso encuentro con  aquellos desconocidos que al poco tiempo se convierten en amigos.

Una mochila cargada de sueños y de ganas de aprender que atraviesa parte de la nueva China y que me lleva a conocer de primera mano las nuevas realidades que ocurren en el gigante asiático. Un país fascinante y contradictorio que no deja indiferente al viajero, y que entre el caos ofrece a uno la capacidad de asombrarse ante el futuro que viene. Y todo ello admirando a un pasado en el que exploradores como Ricci y Polo honraban a  unas  nobles y eternas  palabras como son el  viajar y aprender

Hoy la cita es:

“Los viajes son en la juventud una parte de la educación, y en la vejez una parte de la experiencia” Sir Francis Bacon

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Prólogo de Crónicas Asiáticas: La Mirada del Club de los Faltos de Cariño

Nota: La Mirada del Club de los Faltos de Cariño es el prólogo  que hice hace varios meses  para  ” Crónicas Asiáticas” . Es el libro personal ( en pdf) de las  historias , vivencias, reflexiones  y aventuras que el viajero Iñigo Urrutia realizó durante doce meses viajando por Asia. El nombre ” La Mirada del Club de los Faltos de Cariño es un guiño al Maestro Manuel Leguineche , a su humanismo y a sus experiencias como viajero y escritor.

La mirada del club de los faltos de cariño

A continuación escribo estas palabras introductorias a modo de prólogo para aquellas personas que vayan a leer las experiencias y reflexiones de mi amigo Iñigo en su devenir por Asia .La casualidad y el destino hizo que nos encontráramos en Laos, desde el primer momento que nos cruzamos no sentí que estaba ante un extraño, sino que tenía ante mí a un nuevo amigo y a una persona que proyectaba en sus ojos, sonrisa y corazón algunos de los mismos sueños y anhelos infantiles que yo tengo.

Veía a una persona que al igual que yo mismo estaba viviendo su sueño personal de viajar durante muchos meses sin la prisa del reloj o de un billete con fecha de regreso. Ante mí estaba una persona que con la inocencia de su mirada transmite su innata curiosidad por conocer a otros seres humanos, por llegar a nuevas tierras, por ver, sentir y vivir lo que el Mundo nos ofrece en todo su esplendor.

Viajar es un verbo que no conoce la monotonía y que nos lleva a conocer parte de quiénes realmente somos. Asia es el lugar donde acontecen estas crónicas, un fascinante continente lleno de diversidad, de antiguas y fascinantes culturas, donde un crisol de colores, aromas y sabores se conjugan muchas veces en medio del caos. Un sin fin de lugares fascinantes que van ligados e inseparables a seres humanos que con una sonrisa y una alegría innata siguen fascinando y dando muchas lecciones al Viajero Occidental. Sin duda Asia es un conjunto de tierras que fascinan a todos aquellos que soñamos con pasar y vivir páginas de la Aventura y de la VIDA, en ese universo de países y leyendas transcurren las páginas que siguen a continuación.

Durante un viaje de tantos meses se dan muchas situaciones para pensar y dudar de lo aprendido. Se tienen muchos motivos para contrastar y cuestionar una realidad que nos cuentan en un mundo teórico y anclado en un tiempo que no avanza o que va teledirigido en una dirección que nosotros no controlamos. Creo que hay que tener la capacidad de atreverse a mirar con los ojos de niño ese mundo que a partir de cierta edad te obligan a mirarlo con unos ojos sin inocencia. Hay que  querer seguir viendo la vida con los colores del arco iris y dejar de lado el color gris que nos impone un sistema demasiado interesado en vernos como consumidores y no como soñadores.

La belleza del viaje es que un sin fin de emociones, sensaciones y experiencias vitales se conjugan en sintonía cuando las palabras IR y VIAJAR se acoplan a ti mismo y cuando tus pertenencias se reducen a una mochila cargada de sueños.

Tras un viaje como el que Iñigo ha terminado, físicamente eres la misma persona, pero en el fondo e interior de ti mismo han cambiado muchas cosas. Debido a todo lo visto, sentido, conocido y vivido, es imposible volver a ver muchas cosas desde el mismo punto de vista que antes de partir. Cuando uno se enfrenta a un viaje de estas características sabe o intuye que en su interior algo va a cambiar, aunque muchas veces desconozcamos que va a ser. No obstante ese enriquecimiento vital solamente puede obtenerse cuando el tiempo y la posesión pasan a no tener importancia y simplemente uno se deja llevar por la magia del camino y la aventura.

Sin duda la palabra Viaje va unida a muchas cosas, una es obviamente el ver nuevos lugares, pero para muchos es una parte fundamental de la Vida, un conjunto de experiencias que ayudan en el desarrollo personal y educativo de la persona, situaciones que ayudan a madurar, a aprender de diferentes realidades, sociedades, culturas y personas. Al ver diferentes mundos se produce una transformación vital y se experimentan sensaciones que sólo pueden producirse cuando haces, vives y ves. A ello se añaden unas nuevas percepciones del código de valores personal, al ir viajando se empieza a valorar todo lo que uno tiene y que en el día a día no se valora. Cosas tan obvias como una ducha caliente, agua potable, un sistema sanitario, una biblioteca pública ,una educación gratuita o una familia unida, adquieren la verdadera dimensión que tienen cuando se ven las duras realidades en latitudes menos favorecidas.

Muchas de las lecciones aprendidas en los libros se convierten en simples teorías, los parámetros de conducta establecidos anteriormente se ven replanteados ante unas realidades totalmente nuevas, muchos de los tópicos se convierten en dudas y empiezan a cuestionarse realidades dadas por absolutas en nuestros países de origen.

Los viajes siempre han estado ahí, forman parte de la esencia del ser humano, son parte básica y fundamental de la historia antropológica, cultural, social e intelectual de la humanidad. Están presentes en todas las culturas, y gracias a ellos el ser humano ha progresado, crecido, conocido nuevos territorios, nuevos cultivos, costumbres, culturas, sabores. Gracias a los viajes el ser humano  amplió sus miras y gracias a ello sus destrezas intelectuales y sociales se vieron multiplicadas.

Creo que la mirada del viajero adulto puede ir ligada de forma inseparable a la curiosidad e inocencia de un niño con su capacidad innata de asombrarse ante lo desconocido. Y todo ello con la ética de aquellos que sienten una devoción natural, franca y sincera por los desposeídos , por las gentes que forman el club de los faltos de cariño. Los que para muchos son parías, para Iñigo son la materia prima del mundo, de sus viajes y quizás de su propia vida. Son esas historias olvidadas y anónimas las que forman la base de la que se componen muchas de las experiencias vitales del singular viajero vitoriano.

De ciudades inmensas a míseras aldeas, de altas cumbres al fondo de los mares, de la sonrisa de un niño a la sabiduría de un abuelo. Las maravillas de las que hablaba Marco Polo van conformando parte de la vida y experiencias del libro de aventuras que sigue a continuación y que nos lleva a soñar con un mundo mágico y fascinante.

En las páginas que tienes ante ti hay historias inolvidables y todo un universo de colores, de sensaciones, emociones y contradicciones que enamoran y que lleva la huella de los viajeros humanistas, aquellos que priorizan las personas a los monumentos y lugares. Se pasa de llorar ante la miseria absoluta a sonreír ante la fascinante belleza y todo ello disfrutando de la magia de los encuentros inesperados que aparecen en los caminos a aquellos que tienen una llama en sus corazones que les lleva a decidir partir.

Deseo a todos que disfruten tanto como yo he hecho con las historias de estas Crónicas Asiáticas, en ellas se plasman de primera mano la lecciones del Maestro Manu Leguineche, con aquello de que ¨Lo importante no son los paisajes, sino los paisanajes “ y de que ” lo importante no es el destino, sino simplemente IR “. Con todo mi cariño y corazón, gracias amigo “Coco”, por ser parte de mí Viaje y de mí Vida. Te deseo una larga Vida de Viajes, Aventuras y Sueños en ese lugar que  tan bien conoces llamado LIBERTAD.

Te quiere, tu amigo

Iván

 

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Cuando la piedra de toque son los viajes

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Hace unas semanas pude estar en Málaga en el Travel Bloggers meeting, evento donde se acoplaban los viajes y los blogs. Como siempre  fueron grandes momentos con algunos de los mejores bloggers de viajes del país, en esos encuentros como suele ser habitual aparecieron nuevas amistades, vidas y proyectos muy interesantes. Uno de ellos fue sin duda Iñaki Makazaga, viajero, periodista, humanista y sobre todo un gran tipo.

Iñaki entre otras cosas lleva un programa en Onda Vasca, el nombre es un sugerente  Piedra de toque. Como viajero y  aprendiz eterno  miro a Iñaki con el cariño de un amigo y el aprecio a otro viajero del que aprender muchas cosas. Cuando le pregunté ¿ Qué es una piedra de toque? la respuesta del viajero y periodista vasco fue  acerca de esa semilla y esa pasión que te lleva a ponerte la mochila y a salir al mundo. Supongo que en mi caso esa piedra de toque es una innata curiosidad por conocer y unas inmensas ganas de aprender y de conocer al mundo, sus gentes, sus culturas y en definitiva poder llegar así a conocer más cosas de mi mismo.

La semana pasada tuve el gusto de ser invitado por Iñaki a acudir a la radio para charlar un poco de mi viaje vuelta al mundo y del proyecto Trendtrotters así como del proyecto cultural y viajero  que coordino en leer y viajar. Pude tener el honor y privilegio de  hablar en el mismo programa que  Zigor Aldama, el gran corresponsal en Asia.

Os dejo el post que Iñaki me ha hecho en Piedra de toque y abajo el podcast en ivoox.

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